Pues no, Muñoz, no me he colado.Y como vamos de biografías, te diré que pertenezco a una estirpe de cuatro generaciones de catalanes barceloneses, acomodados y con posibles que me mandaron a los diez y ocho a una prestigiosa universidad europea, de esas que el verde reina por todos lados y una vez al año reman por un río.Con mis titulitos me vine a las españas donde conseguí una plaza del cuerpo de gestión superior con nivel A y, relacionado con mi especialidad, digamos que relativo al comercio internacional, tuve la gran fortuna de viajar no sólo por tu piel de toro sino por oriente y occidente.Dejé el ámbito público y una famosísima empresa con sede en Kuwait me contrató y ahora tengo la gran fortuna de dedicarme a aquello que quiero sin tener que preocuparme de cuándo ingresarán la nómina.De todo este andar por los campos del mundo, he aprendido que para conocer, opinar, querer u odiar una tierra o un pueblo has de haber compartido algo más que una referencia de un familiar.No todos los chinos son Mao, ni los rusos Stalin o los alemanes Goebbels.Ni los españoles toreros aflamencados o personajes de tricornio y copla.Yo no te he juzgado, he escrito dónde, cómo y qué te enseñaron.Pero no sólo a tí, que no es nada vergonzoso pues creo que era consecuencia del tiempo que se vivía.Quería darte a entender que cuando la historia te la cuentan nada más que desde un punto de vista, el humano tiene la obligación de plantearse qué es aquello que no quieren que sepa.Y yo sé la mía porque la he bebido.Conozco la vuestra porque la he padecido, en forma de bala en la nuca por parte de una benemérita, felizmente extinta ya, al servicio de un gobierno monstruoso.No me he colado, Muñoz.Desde que escribo aquí, he reivindicado el dejar que a un pueblo lo dejen actuar como tal, sin llegar a ninguna clase de violencia, sino en la eterna libertad democrática que disfrutamos.¿Tan difícil es de entender?Por mucho que diga mi pasaporte, por mucho que también ame la lengua cervantina, mi madre me arrucaba en catalán, mi corazón es catalán y quiero que mi cuerpo descanse en el mediterráneo, al final de las Ramblas.
Un saludo asimismo cordial, Muñoz español.
El Tamboriler del Bruch.Pues no, Muñoz, no me he colado.Y como vamos de biografías, te diré que pertenezco a una estirpe de cuatro generaciones de catalanes barceloneses, acomodados y con posibles que me mandaron a los diez y ocho a una prestigiosa universidad europea, de esas que el verde reina por todos lados y una vez al año reman por un río.Con mis titulitos me vine a las españas donde conseguí una plaza del cuerpo de gestión superior con nivel A y, relacionado con mi especialidad, digamos que relativo al comercio internacional, tuve la gran fortuna de viajar no sólo por tu piel de toro sino por oriente y occidente.Dejé el ámbito público y una famosísima empresa con sede en Kuwait me contrató y ahora tengo la gran fortuna de dedicarme a aquello que quiero sin tener que preocuparme de cuándo ingresarán la nómina.De todo este andar por los campos del mundo, he aprendido que para conocer, opinar, querer u odiar una tierra o un pueblo has de haber compartido algo más que una referencia de un familiar.No todos los chinos son Mao, ni los rusos Stalin o los alemanes Goebbels.Ni los españoles toreros aflamencados o personajes de tricornio y copla.Yo no te he juzgado, he escrito dónde, cómo y qué te enseñaron.Pero no sólo a tí, que no es nada vergonzoso pues creo que era consecuencia del tiempo que se vivía.Quería darte a entender que cuando la historia te la cuentan nada más que desde un punto de vista, el humano tiene la obligación de plantearse qué es aquello que no quieren que sepa.Y yo sé la mía porque la he bebido.Conozco la vuestra porque la he padecido, en forma de bala en la nuca por parte de una benemérita, felizmente extinta ya, al servicio de un gobierno monstruoso.No me he colado, Muñoz.Desde que escribo aquí, he reivindicado el dejar que a un pueblo lo dejen actuar como tal, sin llegar a ninguna clase de violencia, sino en la eterna libertad democrática que disfrutamos.¿Tan difícil es de entender?Por mucho que diga mi pasaporte, por mucho que también ame la lengua cervantina, mi madre me arrucaba en catalán, mi corazón es catalán y quiero que mi cuerpo descanse en el mediterráneo, al final de las Ramblas.
Un saludo asimismo cordial, Muñoz español.
El Tamboriler del Bruch.
Un saludo asimismo cordial, Muñoz español.
El Tamboriler del Bruch.Pues no, Muñoz, no me he colado.Y como vamos de biografías, te diré que pertenezco a una estirpe de cuatro generaciones de catalanes barceloneses, acomodados y con posibles que me mandaron a los diez y ocho a una prestigiosa universidad europea, de esas que el verde reina por todos lados y una vez al año reman por un río.Con mis titulitos me vine a las españas donde conseguí una plaza del cuerpo de gestión superior con nivel A y, relacionado con mi especialidad, digamos que relativo al comercio internacional, tuve la gran fortuna de viajar no sólo por tu piel de toro sino por oriente y occidente.Dejé el ámbito público y una famosísima empresa con sede en Kuwait me contrató y ahora tengo la gran fortuna de dedicarme a aquello que quiero sin tener que preocuparme de cuándo ingresarán la nómina.De todo este andar por los campos del mundo, he aprendido que para conocer, opinar, querer u odiar una tierra o un pueblo has de haber compartido algo más que una referencia de un familiar.No todos los chinos son Mao, ni los rusos Stalin o los alemanes Goebbels.Ni los españoles toreros aflamencados o personajes de tricornio y copla.Yo no te he juzgado, he escrito dónde, cómo y qué te enseñaron.Pero no sólo a tí, que no es nada vergonzoso pues creo que era consecuencia del tiempo que se vivía.Quería darte a entender que cuando la historia te la cuentan nada más que desde un punto de vista, el humano tiene la obligación de plantearse qué es aquello que no quieren que sepa.Y yo sé la mía porque la he bebido.Conozco la vuestra porque la he padecido, en forma de bala en la nuca por parte de una benemérita, felizmente extinta ya, al servicio de un gobierno monstruoso.No me he colado, Muñoz.Desde que escribo aquí, he reivindicado el dejar que a un pueblo lo dejen actuar como tal, sin llegar a ninguna clase de violencia, sino en la eterna libertad democrática que disfrutamos.¿Tan difícil es de entender?Por mucho que diga mi pasaporte, por mucho que también ame la lengua cervantina, mi madre me arrucaba en catalán, mi corazón es catalán y quiero que mi cuerpo descanse en el mediterráneo, al final de las Ramblas.
Un saludo asimismo cordial, Muñoz español.
El Tamboriler del Bruch.