El populismo ramplón de este Gobierno es ya asfixiante. Su lenguaje es bochornoso. El discurso, por supuesto, es inexistente. Hace tiempo, mucho tiempo, que Zapatero renunció a la política. Lo tengo escrito en estas páginas. Zapatero es un populista sin otro interés que la movilización por la movilización. El objetivo es claro: borrar a la oposición, reducirla a un apéndice de un sistema político, llamado “democracia”, que sólo retóricamente necesita de “enemigos” políticos para legitimarse formalmente. Castro y Chávez son sus referencias de “sentido” político, o sea, del sinsentido por el que lleva a este país. Crispar, alborotar, insultar, despreciar y negar la posibilidad de cualquier tipo de pacto con la oposición es todo. A veces, como si esto fuera una república bananera, uno tiene la sensación de que estamos ante una tropa de gente sin escrúpulos.