El empresario Miquel Ybern Ferrés acumuló una auténtica fortuna como gerente de negocios ferroviarios y en el año 1919 decidió reformar íntegramente las dos viviendas que había
comprado en la
calle Vall. Después de derribarlas, hizo construir una gran mansión para emplearlas como residencia de
verano para su
familia. La vivienda tenía un aspecto
monumental de aire noucentista, con una gran balaustrada de
piedra que recorría el primer piso y una tribuna
mirador orientada al
mar. De esta mansión hoy solo queda una
fachada modificada y la
escalera principal, pues el
edificio fue posteriormente renovado afectando la fachada y añadiendo la
torre esquinera en el terrado.