Una sanísima costumbre, ¡qué pena que se haya perdido!, en boga hasta la mitad del siglo pasado, era el ir los chicos a besar la mano del Sr cura, cuando se encontraban, en señal de respeto. (Dejad que se acerquen a mí porque de ellos...) El niño iba acercándose al tiempo que se restregaba una manga y mano por las narices, luego la otra, en ademán de limpiarse los mocos. Lo sorprendente y curioso -puede que olvidado por los mayores y desconocido por los demás- es que le hiciesen esto mismo al tío ... (ver texto completo)