Caperucita era una niña muy simpática, mucho, y además muy cariñosa, obediente solícita... su madre estaba encantada con élla y no había recado que le encargara, que ya estaba la niña dispuesta. Un día su madre le dijo:
-Caperucita, malas noticias, la abuela está sola con la gripe, quiero que vayas a verla y le lleves alguna galguería pero me da miedo el lobo, te lo pido por favor, hija, no le des conversación, tú a lo tuyo.
-Si, mami: No te preocupes, paso de él como de comer....................
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Bueno chicos, pues el lobo con toda su capacidad de persuasión convenció a la blandengue de CAPERUCITA ROJA que escuchaba con la boca abierta la propuesta del taimado lobo (pero es que a las mujeres siempre nos han gustado los gamberros), ¡CAPERUCITA NO IBA A SER MENOS!.
Y se dejó engañar y encima se entretuvo por el Caminito verde y larrrrrrrrrrrrrrrrrrrgo, cogiendo florecitas para su yaya e iba cantando una de BISBAL, Bulería, bulería.... (Mi opinión personal es que a una niña pija no le va esta canción).
Se entretuvo que no veas, luego se puso a cantar en inglés y uno que la oyó se enrolló con ella y casi ligaron, hasta le dio una chuche de la cestita y todo.
Mientras, el lobo no perdió el tiempo, no. Llegó a casa de la abuelita, llamó y la abuela salió limpiándose las manos con el mandil pues la pilló pelando patatas para una tortilla; al parecer no estaba tan pachucha, o acaso se hacía la fuerte para darle un gusto a su nieta. ¡LAS ABUELAS SIEMPRE TAN SORPRENDENTES!.
Mañana más.
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