Ya han terminado las navidades, mañana al curro. Este año he tenido unas navidades muy raras, casi no me he enterado. He currado todos los días menos los festivos oficiales, y algunos de ellos un buen rato en casa. Ni cabalgata ni ná de ná. Qué se le va a hacer. Ojalá estuviera así todo el año que acaba de empezar.
Vaya un nivelazo literario que tenemos en el foro.
No son tan famosas entre la peña, como los tomates ácidos de JMG, pero tienen su aquél.
Creo Nacho, que estas dos ciudades tienen muchas cosas en común. Y un postre que nos une, sobre todo en mi casa y cuando hay excedente, las famosas "peras al vino".
Madrileña, que las tijeras 3 clavels se hacen en logroño, yo pienso que son tijeras de podar las viñas, que son mas grandes para hacer los recortes sociales y laborales.
Mira tú por dónde, que casualidad!
Por fin! ni rastro de adornos de Navidad en mi casa. Todos para el trastero, a dormir un largo sueño, hasta que los desempolvemos de nuevo la próxima Navidad, eso si los agoreros que predicen el fin del mundo, se equivocan.
Bueno me voy que hoy me toca... dare la talla adios.
Nose siempre se djo y se dice, tienes mas cuento que calleja.
— ¡Adiós, Cordera!...
— ¡Adiós, Cordera!... ”

GRACIAS SANGOOGLE.
—Y Rosa y Pinín miraban con rencor la vía, el telégrafo, los símbolos de aquel mundo enemigo que les arrebataba, que les devoraba a su compañera de tantas soledades, de tantas ternuras silenciosas, para sus apetitos, para convertirla en manjares de ricos glotones...
La llevan al Matadero... Carne de vaca para comer los señores, los curas... los indianos.
— ¡Adiós, Cordera!
— ¡Adiós, Cordera!
— ¡Adiós, Cordera! —gritó Rosa, adivinando allí a su amiga, a la vaca abuela.
— ¡Adiós, Cordera! —vociferó Pinín con la misma fe, enseñando los puños al tren, que volaba camino de Castilla.
Y, llorando, repetía el rapaz, más enterado que su hermana de las picardías del mundo:
De repente silbó la máquina, apareció el humo, luego el tren. En un furgón cerrado, en unas estrechas ventanas altas o respiraderos, vislumbraron los hermanos gemelos cabezas de vacas que, pasmadas, miraban por aquellos tragaluces.
Al día siguiente, muy temprano, a la hora de siempre, Pinín y Rosa fueron al prao Somonte. Aquella soledad no lo había sido nunca para ellos triste; aquel día, el Somonte sin la Cordera parecía el desierto.
Es el cuento más célebre de "Clarín". Una vieja vaca, pacífica y con mirada humana, comparte los juegos infantiles de los dos protagonistas, Rosa y Pinín, en pleno campo asturiano. Su felicidad se ve inturrumpida por las deudas de su padre, que tiene que vender la vaca para subsistir. Ambos, el hijo y la vaca, han de viajar en tren para acudir a su cita con la muerte: la guerra y el matadero. El autor relaciona inteligentemente los dos viajes en tren para resaltar lo inútil de la guerra y los grandes ... (ver texto completo)