Mientras mi padre hacía la distribución de las cartas por
calles, recuerdo a Tinín haciendo aquel chasquido tan característico que hacía con la boca, esperando pacientemente por toda la correspondencia de su
casa.
Yo también echaba un vistazo a los
deportes del YA del cura, cuyo precinto se podía quitar sin dejar
señal.
Cuando terminaba de colocar las cartas y de asentar los giros y certificados en el libro para que le firmaban los destinatarios, envolvía toda la correspondencia en alguno de los
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