Termino, ahora mismo, de comprobar que el cariño de la buena gente mueve algo más que montañas. Lo que, en versión nuevas tecnologías, se traduce por “no hay cortafuegos, ni antivirus que se resista”.
En fin..... cosas de antes.
Era todo un ritual.
Luego vinieron los yesos y los papeles pintados, y ya se dejó de embarrar. Ahora ya no hay papeles pintados, pero las paredes están enyesadas y se pintan con temples, que serán algo parecido a la greda, digo yo, o con pinturas sintéticas de todo tipo.
Muchos ya no lo habréis conocido, pero al llegar la primavera se iba a las peñas a buscar greda y mezclándola con agua y no sé si con algo de cal, y algún colorante se le daba un repaso a todas las paredes de la casa. Se pintaba y desinfectaba, y se alejaba a todo tipo de insectos. Menuda se preparaba, porque se sacaba todo de las habitaciones, se limpiaba todo a fondo y una vez embarrado quedaba un olor que daba gusto.
¿Os acordáis de cuando nuestras madres al llegar la primavera embarraban?
Al fin y al cabo es época de embarrar.
Menos mal que acaban al mediodía. Luego me dejarán los techos empantanaos hasta que venga el escayolista y en paz morena. Aprovecharemos y pintaremos todo el pasillo, ¡ya de puestos!, qué vamos a hacer.......
el ruido, es lo peor, al cortar tuberías.
Techos picados y mucho polvo.
Tengo la casa patas arriba, nos están cambiando las tuberías del agua caliente y fría. Horror.
Vamos a ver si, al de hoy, le sacamos algún provecho.
Con otros 45 madrugones, estamos de vacaciones.
Aunque todavía salgan esputos, los cuerpos van volviendo a su ser. Preguntaremos, en breve, por los que cogieron la enfermedad del beso. Aún tendrán los labios hinchados, fijo.
Y vamos allá que es más que hora.