En el pasado siglo XX, al menos en su primer tercio, el tratamiento habitual para las personas de cierta edad era de Tío/Tía o Tió/Tiá. Llegaron unos maestros, el célebre Don Bienvenido y su mujer Doña Concepción, (¿de la Carballeda?) y fueron cambiando la inveterada costumbre, que costaría lo suyo por su gran arraigo. Aún hoy, al recordar a ciertos antepasados, a algunos les cuadra de molde el Tío. Voy a dar un botón de muestra: de niños nos servía la baraja de divertido juego, sobre todo en invierno, ... (ver texto completo)