Y tampoco me se ocurre nada más que añadir........
Me voy a dar un rodeo p´ahí pal rio a ver si voy dejando desperdigados eosínófilos, colesteroles, triglicéridos y semejantes, que no quiero tanta compañía.
Cómo andará pa la Sanabria.
Viene un aire de purita nieve.
Con un frío de cojones.
Sólo algún eosinófilo de más.
¡Ah y el "analís" semestral, muy bien! Un lujo de orina, con sedimentos y todo y los triglicéridos y el colesterol, como de invierno, con los valosres a la baja.
- Pues sí señor.
- Pues no señor. Abajo del carro.
Del tiempo, ya lo he puesto; de lo que se ha cogido, está recién sembrao; de lo mal que está todo, también lo he reflejao...
Y sigue uno sin ganas de hablar. A ver, que alguien pregunte algo, si no no se me ocurre de qué hablar.
Hasta otro ratito.
Menú sin notificaciones

La tendencia de aparcar el móvil se estudia, llega a las piscinas y también a la hostelería. Eva Restaurant, en Los Ángeles, ofrece un 5% de descuento a los comensales que, durante su estancia en el local, dejen los teléfonos en recepción. El objetivo que persiguen es fomentar la tranquilidad, que su local se asocie con un ambiente relajado. Hasta ahora entre un 30 y un 40% de los clientes lo han hecho.

Poder controlarlo, sin tener que visitar piscinas y restaurantes, ... (ver texto completo)
Estrés por lo que no vives

Ese apego por los móviles y la información que nos proporcionan se traduce en dos conceptos: el FOMO y el JOMO. Algo así como el ying y el yang de la vida 2.0. El FOMO es el miedo a estar fuera (fear of missing out). El JOMO, su antónimo, el disfrute de estar fuera (joy of missing out).

Caterina Fake es una de las fundadoras de la red social de fotografía Flickr y popularizó el FOMO. Lo define como esa sensación que surge al ver todo lo que nos estamos perdiendo cuando, ... (ver texto completo)
Desconectar el teléfono. Recargar nuestra batería

Bikini sin cobertura. Así, más o menos, podemos resumir la filosofía de una piscina pública de Nueva York a la que acudió la periodista Jenna Wotham. En una columna del New York Times hace tiempo contaba como ella y un amigo, dispuestos a pasar una tarde relajada, tuvieron que dejar por un rato sus teléfonos móviles. Al estupor inicial le sucedió el bienestar. Wortham redescubrió que era aquello de “vivir el momento”. El rato sin conexión dio lugar ... (ver texto completo)
Loly, ya se acabó lo bueno.
A ver si para el año que viene nos quitamos el Sub de Subcampeón y podemos disfrutar a lo grande.