Retrocedamos un poco en el tiempo y pasemos bajo el ARCO. Volvamos a sentarnos en el banquillo a reflexionar. No os voy a preguntar por los sacramentos ni por la Salve ni qué cosas son necesarias para confesarnos bien, sino por la garrafal, la dolorosa: "¿Quién es la Virgen María?" El que no lo sepa una gran reprimenda y cabizbajo se pondrá el último en el banquillo, y escuchará con voz tronante y grandes taconeos sobre la tarima: ¡Ya me estáis tocando el violoooón! y acto seguido: la Virgen (PUM)/ ... (ver texto completo)