Un día de putas… en la antigua Roma.
Ahora ya nunca podrás decir que no has estado en un lupanar… en la
casa de Arvina.
En cambio, sí que me quedó marcada la primera vez que yací a solas con una mujer. Fue poco después del primer y desastroso envite. Que congoja pasé. Un tarde ociosa de
verano nos juntamos a la
sombra de los
soportales del
Foro mi
amigo Labieno, Emilio y yo con mi hermano Lucio, que nos sacaba dos años, y uno de sus compinches de farra, un tal Publio Quintilio Albo, un chaparro
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