Generoso nubarrón que regó los campos, y como era día de fiesta no se perdió de trillar. Supongo que es lo que hubiera pensado hace cincuenta años más de uno. Pues no llovió tal día como hoy hace cuarenta y seis años y uno a las cuatro y media de la madrugada del día de Santiago, se lamentaba del buen día de trilla que había perdido, por los avatares de organizar la fiesta algunos componentes de su familia. Atrás quedaron aquellos tiempos de trilla y acarreo. Ahora los campos en el amanecer están ... (ver texto completo)