Un golpe seco de timbal marca las siete de la tarde, seguido los clarines anuncian que el encargado de la puerta de cuadrillas, abre el portón para que los diestros a la cabeza pisen el albero de la catedral del toreo, sito en la calle de Alcalá de la villa y Corte de los Madriles, por donde en tiempos ya lejanos paseaban las bellas florista vendiendo sus flores y regalando sonrisas. Detrás de los maestros, los hombres de Brega, seguidos de cerca de los varilargueros, con el castoreño bien calado ... (ver texto completo)