La nave central de la iglesia presidida por Santa María Magdalena está en silencio, cambiando las sombras o el sol que entra por las ventanas, según la hora del día o la noche. Por las mañanas en la parte de detrás del majestuoso edificio, la sombra fresca al lado de las piedras centenarias y el viento siendo peinado momento tras momento por las ramas de las acacias. Echando la vista por encima de los álamos de la ribera del Montoya y seguido de la Cantera, campo resecos por el estio del verano, ... (ver texto completo)