Las recias puertas se cerraron, al salir el último en rendir homenaje a sus difuntos, luego todo quedó en silencio. El sol ya se había ocultado y hacía frío, el viento rozaba los pétalos de las flores que sobre las tumbas habían dejado. Después del crepúsculo vino la noche, una noche oscura, quizás más oscura que otras, y más silenciosa. A eso de la medianoche, algunas losas que tapaban las tumbas se levantaron. Saliendo maltrechos y esqueléticos muertos, cargados con sus culpas, deambularon por ... (ver texto completo)