Aquel pueblecito, había amanecido con un lento despertar. Los
campos tomaron tonalidades rojizas provocadas por los primeros rayos del sol filtrados entre unas nubes plomizas que hacían presagiar
lluvia. Las primeras yuntas acompañadas de sus gañanes se encaminaban, como cada día, a hendir su arado en los campos. Otros, a lomos de su asno, con lento caminar, se acercaban a algún majuelo, para pasar el día cavando con un azadón alrededor de las cepas, tareas hechas en los fríos días de
invierno, para
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