EL PIÑERO: En un cruce de caminos se encuentran dos perros vagabundos....

En un cruce de caminos se encuentran dos perros vagabundos. Uno de ellos, de pelo rojizo y orejas puntiagudas, que las movía hacia el lado donde dirigía la mirada. El otro, de color marrón oscuro, tenía sus orejas caídas como sin vida.
— ¿Hacia dónde caminas? —preguntó uno de ellos.
—Pues a ninguna parte. ¿Y tú, adónde te diriges?
—No tengo destino, nadie me espera en parte alguna.
—Hagamos el camino juntos —propuso uno.
—De acuerdo —contestó el otro can.
Según caminaban, de vez en cuando uno olisqueaba unas hierbas que se hallaban a la vera del camino. Llegaron hasta donde había unos carrascos que parecían ser fieles testigos de todo aquel caminante que por allí transitaba. Se tumbaron a descansar al abrigo de ellos, pues el viento venía frío.
— ¿Qué tal te fue la vida de pan? —preguntó el de color rojizo, que ahora estaba sentado sobre sus patas traseras, contemplando la puesta de sol.
—La inmensa mayoría fue escasa, y muchos días, ni pan ni otra cosa. Mi amo era un pordiosero que vivía de pedir limosna en un portal. Era muy bueno, todo lo que le daban lo compartía conmigo. La verdad es que compartimos más hambre que otra cosa. Él me decía que me fuera, que encontraría una casa donde vivir. Yo nunca le abandoné, pues sabía que él necesitaba compañía. Hasta que una noche se quedó dormido para siempre. Por la mañana se lo llevaron y me quedé solo en este mundo. La tuya, yo diría que buena, viendo la carne que tienes en los costillares.
—No me puedo quejar —comenzó diciendo el perro de color rojizo—. En casa de mi amo se comía muy bien, aunque siempre estaba dándome regañinas. En una de ellas, le dije que me iba, pues tenía la sensación de que le estorbaba. Su contestación fue: «Cierra la puerta al salir».
—Creo que sí le incomodabas —dijo el perro de color marrón y orejas caídas.
El sol se había ocultado. Ambos canes se acurrucaron entre la hojarasca de la carrasquera para pasar la noche.