EL PIÑERO: Tendría que comenzar diciendo adjetivos rimbombantes...

Tendría que comenzar diciendo adjetivos rimbombantes para calificar la faena de Morante de la Puebla el día 16 de abril al cuarto de la tarde. Por suerte, para los que no hemos ido a Sevilla a ver los toros, en estos tiempos tenemos internet. No dependemos de lo que nos cuenten, aunque lo relatado por los grandes profesionales de la información sería bueno y bien explicado.
El toreo de Morante es noble, sincero y, sobre todo, sublime. Los artistas, con su expresión artística, nos reflejan lo que llevan en el alma; eso es lo que nos transmiten con su arte.
Pasaron más cosas esa tarde. Juan Ortega, con lo que hizo, con una elegante compostura torera, yo diría encumbrando la torería a la máxima elegancia. Se hablaría mucho de su faena si no hubiera estado el genio cigarrero acartelado.
Un apunte más. Entiendo la exaltación de los aficionados, que en su delirio quisieran abrir la Puerta del Príncipe para pasea a hombros a su ídolo. Quizás lo merecía, pero se ha de ser serios y rigurosos. El mérito no se lo quita nadie; las orejas se las quitó la espada. En la faena se debe valorar desde el comienzo hasta el final, no solamente por lo bien toreado.
Caso aparte es aquella despedida de José María Manzanares. En una despedida se pueden relajar las exigencias.