Mis respetos, Don Fernando Ónega. Permítame escribirle unas palabras desde la humildad de mi persona a alguien tan grande con la palabra como usted. En su día, escuchándolo en la radio, y hoy volviéndolo a escuchar en las redes. Qué gran legado nos deja.
Yo, como zamorano, algunas veces vuelvo a escuchar aquello que nos hablaba de Zamora. Después de escucharle, se ven distintas las piedras de la muralla. Es verdad, cuántas historias podrían contarnos si ellas hablaran. Hasta el pan de Tierra del Pan y el vino de Tierra del Vino tienen un sabor diferente.
Allá donde usted ahora vaya, le llenará de palabras. Escritas con su puño. Expresadas con su voz sosegada, noble y sensata. Cuando usted paseaba cerca del Duero, en silencio bajaba. Hoy, quizás notando su falta, en silencio baja.
Don Fernando, una vez más, agradecerle el sosiego de su voz y el acierto de sus palabras. (Descanse en paz)
Yo, como zamorano, algunas veces vuelvo a escuchar aquello que nos hablaba de Zamora. Después de escucharle, se ven distintas las piedras de la muralla. Es verdad, cuántas historias podrían contarnos si ellas hablaran. Hasta el pan de Tierra del Pan y el vino de Tierra del Vino tienen un sabor diferente.
Allá donde usted ahora vaya, le llenará de palabras. Escritas con su puño. Expresadas con su voz sosegada, noble y sensata. Cuando usted paseaba cerca del Duero, en silencio bajaba. Hoy, quizás notando su falta, en silencio baja.
Don Fernando, una vez más, agradecerle el sosiego de su voz y el acierto de sus palabras. (Descanse en paz)