Serían las siete de la mañana al lado de las antiguas eras, en la orilla por dónde discurre con lento caminar pero con suave cántico el
agua del arroyo Montoya, entre unas junqueras picoteaba un mirlo, estaba siendo observado por una paciente
vaca, de pelaje rojo, y buenas formas cárnicas, ave y rumiante, se extrañaron al comenzar a repicar las
campanas de la
torre de la
iglesia, la
cigüeña estando en el
nido, se lanzó en vuelo hacia las Gadañas, el acompañante del campanero, comenzó a ver el sol
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