El sol "nuestro" tiene que bajar un poco más que el de ahí arriba, pero nos está dejando dar unos buenos paseos este verano. Me callaré no sea que de en calentar y se escoñe como esperamos.
Aquí tampoco nos podemos quejar, quitando esos días atrás que hizo un calor temeroso, vamos menos mal.
Le díría: ¡Esmanao, que eres un esmanao!
Eso como mínimo.
Di quiá una miaja, cuando baje el sol, saldremos a dar una vuelta, y si se tercia tomar una caña.
El sol "nuestro" tiene que bajar un poco más que el de ahí arriba, pero nos está dejando dar unos buenos paseos este verano. Me callaré no sea que de en calentar y se escoñe como esperamos.
De mi calle nos juntábamos, y seguro que me dejo a alguien: Nosotros cuatro, Félix y Manoly, Marina y Belén, Manuela, Concha y Ángel, Gapi, y algún agregao más del castillo como Lola. Un montón. Pero es que entonces había muchísimo personal.
Me acuerdo una vez que nos pegamos un madrugón grande, pa ir a espigar un montón de muchachos y muchachas, todos de la calle La Puebla, que había unos pocos. Mi hermana como era la mayor, iba un poco al cargo de nosotros y de Félix y Manoly. Fuimos a levantarlos, pues estaban solos ya que tio Félix y tia Tere se habían levantado antes y estaban a acarriar. No andaba malo Felixín calentando un tazón de porcelana blanco con leche, al fuego del butano, directamente. Tú verás lo que tardó el tazón en ... (ver texto completo)
Le díría: ¡Esmanao, que eres un esmanao!
Me acuerdo una vez que nos pegamos un madrugón grande, pa ir a espigar un montón de muchachos y muchachas, todos de la calle La Puebla, que había unos pocos. Mi hermana como era la mayor, iba un poco al cargo de nosotros y de Félix y Manoly. Fuimos a levantarlos, pues estaban solos ya que tio Félix y tia Tere se habían levantado antes y estaban a acarriar. No andaba malo Felixín calentando un tazón de porcelana blanco con leche, al fuego del butano, directamente. Tú verás lo que tardó el tazón en ... (ver texto completo)
Y la pastilla de chocolate y el cantero de pan que no faltara.
Hace unos días le contaba yo a Raquel, lo que era ir a espigar. Menudas manadas traíamos pa casa. No hacíamos más que enredar, hacer flanes y tirar de algún que otro carro disimuladmente, que aunque no tenían retrovisores nos veían de sobra.
Y digo yo, que ahora que no hay quien caze saltones, habrá superpoblación de ellos y mermarán las cosechas. Aunque tampoco les dará mucho tiempo porque en cuatro días está todo segao y recogido.
No era pa mí.
¡Vaya, moler! el teléfono.
Di quiá una miaja, cuando baje el sol, saldremos a dar una vuelta, y si se tercia tomar una caña.
Se me van los pies.
Marché y no te vi. Yo llevo toda la tarde en casa cabeceando. Es que no apetece otra cosa.
Se me van los pies.
En fin, cada mochuelo en su olivo y yo... "desesperando. ¿Y tú? Tú, contestando: Quizás, quizás, quizás",