Decidió al fin Don José, ayer
noche, despojar su cuerpo de las negras vestiduras, y poco a poco se fue quedando en reducidos paños, hasta que se zambulló en la cama. Mascullando una oración, pensaba de esta suerte:
" ¡Dios sacramentado, cuantísimo dinero!. Me dijo Zé de las Carvajas que su jefe cuenta su caudal por millones... Y todos los billetes son de quinientos. ¿Cómo será un millón? Quisiera yo verlo. Dehesas,
casas, renta de bonos del Estado,... Ya lo creo. Y el hombre de capital mira mucho
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