Cuando íbamos a la
escuela, aquí hacíamos el recreo, jugando al
fútbol, haciendo dos porterías, una junto a la
puerta trasera de Donato y la otra en la pared de la escuela de las niñas. También recuerdo que esos partidos los interrumpíamos cuando aparecia Don José María paseando por la acera que cruzaba el
palacio, y los niños le saludábamos.