Tras el toque del Pardal, los pasos comienzan a recorrer las
calles riosecanas al ritmo seco y apagado del tapetán, un tambor de madera y cuero revestido de un paño o tapete, percutido en perpendicular respecto al suelo por los niños cofrades elegidos para acompañar el recorrido bajo las tallas que representan los martirios y la subida al
Calvario de
Cristo