ERAN DURAS LAS RESPUESTAS
Aquella noche de julio de hace más de cincuenta años, una pareja rompía en su silencio amargado, entre palabras sumisas con el sueño alborotado, eran grises las pesquisas de aquel hombre empecinado, A su novia despedía con un sabor medio amargo, apenas ni se entendía ver un adiós triste y largo. El novio dijo a su novia, cada uno por su lado, no me agrada ser la noria de un tiempo tan condenado. El silencio de la noche era duro en aquel barrio, nadie quiso hacer reproche de lo que fue su calvario. Los dos se quedaron mudos, eran temblar con descaro, en aquellos tiempos rudos nada se quedaba claro. Eran sueños imposibles, visiones de un mundo raro, las frases más permisibles eran hablar del avaro. La noche se fue marchando entre sueños dislocados, no era el dinero culpable de otros amores pasados. La cruz de la inteligencia no quiso entender de halagos, ni precisaron la ciencia que a veces tienen los vagos. Cada cual, por su camino, no quieren un tiempo amargo, es duro su desatino en ese sueño tan largo. No lanzaron frases rotas, ni las palabras sobraron, tampoco fueron idiotas que aquella noche chocaron. Se rompieron los destinos en un temblar cabizbajo, no servían adivinos cuando no buscas trabajo. Eran duras las respuestas, era trazar un calvario, las promesas son las cuestas de sentirte solitario. Ya no quedan ilusiones nadie sigue enamorado, fueron muchas las razones de ver su rumbo acabado. Los caminos del olvido tienen nombres encumbrados, donde se siente perdido el hombre con sus quebrados. No sirve vivir pasiones si te sientes condenado, suelen salir las razones de otro tiempo dislocado. Atrás vuelan los reflejos, mientras sigues caminando, a veces los hombres viejos no quieren seguir pensando. G X Cantalapiedra., 28 – 6 – 2026.
Aquella noche de julio de hace más de cincuenta años, una pareja rompía en su silencio amargado, entre palabras sumisas con el sueño alborotado, eran grises las pesquisas de aquel hombre empecinado, A su novia despedía con un sabor medio amargo, apenas ni se entendía ver un adiós triste y largo. El novio dijo a su novia, cada uno por su lado, no me agrada ser la noria de un tiempo tan condenado. El silencio de la noche era duro en aquel barrio, nadie quiso hacer reproche de lo que fue su calvario. Los dos se quedaron mudos, eran temblar con descaro, en aquellos tiempos rudos nada se quedaba claro. Eran sueños imposibles, visiones de un mundo raro, las frases más permisibles eran hablar del avaro. La noche se fue marchando entre sueños dislocados, no era el dinero culpable de otros amores pasados. La cruz de la inteligencia no quiso entender de halagos, ni precisaron la ciencia que a veces tienen los vagos. Cada cual, por su camino, no quieren un tiempo amargo, es duro su desatino en ese sueño tan largo. No lanzaron frases rotas, ni las palabras sobraron, tampoco fueron idiotas que aquella noche chocaron. Se rompieron los destinos en un temblar cabizbajo, no servían adivinos cuando no buscas trabajo. Eran duras las respuestas, era trazar un calvario, las promesas son las cuestas de sentirte solitario. Ya no quedan ilusiones nadie sigue enamorado, fueron muchas las razones de ver su rumbo acabado. Los caminos del olvido tienen nombres encumbrados, donde se siente perdido el hombre con sus quebrados. No sirve vivir pasiones si te sientes condenado, suelen salir las razones de otro tiempo dislocado. Atrás vuelan los reflejos, mientras sigues caminando, a veces los hombres viejos no quieren seguir pensando. G X Cantalapiedra., 28 – 6 – 2026.