LA SECA: NO ES CUENTO. FUE REALIDAD....

NO ES CUENTO. FUE REALIDAD.
Hace muchos años más de setenta, que existía en La Seca, un burro llamado Gallardo, de raza zamorana, tenía las orejas tiesas, y de vez en cuando cada una de ellas apuntaba a diferentes lugares, Este burro dicen que le crecían muchos los cascos donde le ponían sus herraduras, así y todo era un burro muy inteligente, el pequeño labrador que era su dueño, le tenía enseñado todas sus fincas, y con su esposa antes de que su hijo mayor tuviera nueve años, la llevaba hasta donde el marido trabajaba, Una vez que el hijo mayor alcanzo esa edad de nueve años donde entonces los niños de aquel Valle empezaban a trabajar en la agricultura, y algunos de zagalillos con sus pastores, este burro le llevaba al niño a donde su padre segaba, o trabajaba en las viñas azufrándolas y sulfatándolas. El burro Gallardo era ligero y conocer de aquel termino a tope, el dueño del asno, le indicaba al hijo la noche anterior a donde tenia que ir a llevarle el desayuno, y sobre el camino que tenia que llevar, el Gallardo era efectivo, su caminar era bastante deprisa, sin llegar a coger el trote, ya que llevaba su albarda y en ella dos cuevanos de mimbre con la cantará del agua en un lado y en el otro el desayuno o almuerzo, Este burro conocía las Cañadas, El Camino de Los Perros, El Camino Hondo, El Monte Pedroso, El Camino de La Villa de San Martín, La Arenera, El Camino de La Peña, La Cuesta del Calvillo, La Perdiz, El Camino de La Moya. La Carretera del Puerto, El Camino de Cantarranas. y sabia cuando le ponían herraduras en la parte de esa calle detrás de La Pista de Baile, por donde venían las grandes avenidas de agua desde La Huerta de La Alegre. Quizá existan asnos más grandes, mucho más corredores, pero no creo que haya burro con más memoria, El Herrador que era natural de Serrada, con solo hablarle este burro levantaba su pata delantera donde el estuviera para herrarle, sin darle nunca problemas ni soltar una coz, Este asno solo le faltaba hablar, ya que rebuznaba muy bien, y sobre todo los domingos a eso de las doce de la mañana acompañaba a todos los asnos que habitaban aquel Valle, que parecían ponerse de acuerdo para que sus rebuznos fueron como canticos por sus derechos de burros trabajadores, en aquel Valle donde la Ermita de San Roque es su Faro, existieron 200, burros, 400, acemilas, y quizá unos 20, caballos, que en la emigración forzosa todos ellos desaparecieron sin contar a los caballos que siguen existiendo. Con el paso de los años estas historias de burros, acemilas, y demás animales que movieron parte de la agricultura de entonces se les tiene en el olvido. G X Cantalapiedra. 23 – 5 – 2026.