HAY CANCIONES QUE SE LLEVAN EN EL ALMA PARA LA ETERNIDAD
Tengo en mi memoria la voz de algún amigo que ya no está en esta vida, Y otras voces que no se dónde termina su recorrido, Recuerdo una madrugada de verano de 1963, un amigo mío de toda la vida, a las tres y media de la madrugada. Carlos Vidal Lorenzo, cantaba en La Calle Tomas Bayón, esquina con la Calle del Pozo Bueno, la canción de Los Campanilleros de su Andalucia, era una delicia lo bien que cantaba, Este amigo está descansando para siempre en Madrid, en el Cementerio Sur, y recuerdo una noche de fin de año, de 1962, en La Calle de Medina, escuchar una ranchera en la garganta del misionero más famoso que piso Colombia, Era la canción del “Yo tenía un chorro de voz y me daba mi pasquete, me admiro Jorge Negrete, Pedro Vargas y otros dos, más de aquel chorro de voz solo me queda el falsete”. Este buen misionero hoy llamado. Ricardo Lorenzo Cantalapiedra, era fabuloso el escucharle, sobre todo la música de Mexico, ahora la última vez que le vi estaba en en esa tierra mexicana, donde solamente hay nativos indios, Cuando era joven solía cantar rancheras en las fiestas y solo para los amigos íntimos, Recuerdo una noche de ronda en una Calle de mucho vuelo, escuche a un amigo mío cantar aquella canción del novio desesperado, “Vengo en busca de una ingrata de una joven presumida que no quiso mi querer, tengo ganas de encontrarla para decirla que de este hombre no se burla una mujer”. Que canciones con sentimiento, que gargantas con aliento, nadie quería ver sufrimiento, ni esperaba sufrir el desaliento. Que juventud con su divertimento, sin meterse con nadie, todos estábamos contentos. Los recuerdos de la juventud temprana no se han borrado, le seguimos teniendo en la memoria y son parte de nuestra querida historia,
G X Cantalapiedra. 19 – 5 – 2026.
Tengo en mi memoria la voz de algún amigo que ya no está en esta vida, Y otras voces que no se dónde termina su recorrido, Recuerdo una madrugada de verano de 1963, un amigo mío de toda la vida, a las tres y media de la madrugada. Carlos Vidal Lorenzo, cantaba en La Calle Tomas Bayón, esquina con la Calle del Pozo Bueno, la canción de Los Campanilleros de su Andalucia, era una delicia lo bien que cantaba, Este amigo está descansando para siempre en Madrid, en el Cementerio Sur, y recuerdo una noche de fin de año, de 1962, en La Calle de Medina, escuchar una ranchera en la garganta del misionero más famoso que piso Colombia, Era la canción del “Yo tenía un chorro de voz y me daba mi pasquete, me admiro Jorge Negrete, Pedro Vargas y otros dos, más de aquel chorro de voz solo me queda el falsete”. Este buen misionero hoy llamado. Ricardo Lorenzo Cantalapiedra, era fabuloso el escucharle, sobre todo la música de Mexico, ahora la última vez que le vi estaba en en esa tierra mexicana, donde solamente hay nativos indios, Cuando era joven solía cantar rancheras en las fiestas y solo para los amigos íntimos, Recuerdo una noche de ronda en una Calle de mucho vuelo, escuche a un amigo mío cantar aquella canción del novio desesperado, “Vengo en busca de una ingrata de una joven presumida que no quiso mi querer, tengo ganas de encontrarla para decirla que de este hombre no se burla una mujer”. Que canciones con sentimiento, que gargantas con aliento, nadie quería ver sufrimiento, ni esperaba sufrir el desaliento. Que juventud con su divertimento, sin meterse con nadie, todos estábamos contentos. Los recuerdos de la juventud temprana no se han borrado, le seguimos teniendo en la memoria y son parte de nuestra querida historia,
G X Cantalapiedra. 19 – 5 – 2026.