LA NIEBLA AL LADO DEL RÍO DUERO
Aquella mañana de niebla, que un podador lasecano estaba podando una viña verdeja, en lo que se llama El Camino Real, o sea La Cañada de Salamanca a Valladolid. Donde de vez en cuando pasaban algún rebaño de cabras o vacas pastando y andando camino de su destino final, algunos de esos ganados, Entre la niebla el podador vio cómo se acercaba un hombre poco abrigado y con aspecto de hambre, que pronto a este trabajador le pregunto si tenía algo de comida sobrante, esto fue el año de 1953, el mes de febrero, a primeros, el podador se fue con este hombre hasta el llamado ato, donde saco de sus alforjas un fardel blanco de lona, y enseguida le dio un par de torreznos y un zoquete de pan candela, que este hombre se metió en el estómago deprisa, y se pudo echar un trago de vino de la bota verdejo, luego una vez terminada esa comida ligera, este hombre le dio las gracias al campesino obrero, y le agradeció su buen corazón con él, al despedirle le comentó, haber si un buen día le puedo pagar este manjar tan bueno que me has dado, El podador le dijo, “Vaya usted con dios y que le acompañe la salud y la suerte en esta vida”, La niebla se iba y volvía por esas laderas del Duero, y los pámpanos o sarmientos estaban blancos o congelados, eran días de esos que andar con poco abrigo era buscarse una pulmonía, aquel hombre sin dar ninguna explicación se le notaba nervioso y con muchas preocupaciones encima, El obrero podador de viñas, cuando llegó a su casa tenía hambre y comentó a su esposa e hijos lo que le había pasado esa mañana fría de primeros de febrero. Nunca más supo de ese hombre que aquella mañana le pidió ayuda, y este obrero de su propia comida le dio la mitad para que no muriese de hambre. Esta historia es real como el nombre de La Cañada. G X Cantalapiedra. 17 – 5 – 2026.
Aquella mañana de niebla, que un podador lasecano estaba podando una viña verdeja, en lo que se llama El Camino Real, o sea La Cañada de Salamanca a Valladolid. Donde de vez en cuando pasaban algún rebaño de cabras o vacas pastando y andando camino de su destino final, algunos de esos ganados, Entre la niebla el podador vio cómo se acercaba un hombre poco abrigado y con aspecto de hambre, que pronto a este trabajador le pregunto si tenía algo de comida sobrante, esto fue el año de 1953, el mes de febrero, a primeros, el podador se fue con este hombre hasta el llamado ato, donde saco de sus alforjas un fardel blanco de lona, y enseguida le dio un par de torreznos y un zoquete de pan candela, que este hombre se metió en el estómago deprisa, y se pudo echar un trago de vino de la bota verdejo, luego una vez terminada esa comida ligera, este hombre le dio las gracias al campesino obrero, y le agradeció su buen corazón con él, al despedirle le comentó, haber si un buen día le puedo pagar este manjar tan bueno que me has dado, El podador le dijo, “Vaya usted con dios y que le acompañe la salud y la suerte en esta vida”, La niebla se iba y volvía por esas laderas del Duero, y los pámpanos o sarmientos estaban blancos o congelados, eran días de esos que andar con poco abrigo era buscarse una pulmonía, aquel hombre sin dar ninguna explicación se le notaba nervioso y con muchas preocupaciones encima, El obrero podador de viñas, cuando llegó a su casa tenía hambre y comentó a su esposa e hijos lo que le había pasado esa mañana fría de primeros de febrero. Nunca más supo de ese hombre que aquella mañana le pidió ayuda, y este obrero de su propia comida le dio la mitad para que no muriese de hambre. Esta historia es real como el nombre de La Cañada. G X Cantalapiedra. 17 – 5 – 2026.