EL SILENCIO DE AQUEL CAMPOSANTO
Nos dijo Gustabo Adolfo Becquer, El poeta de Las Rimas y leyendas. “Dios mío que solos se quedan los muertos”.
En el Camposanto de La Seca es un silencio que te deja sobresaltado, Los cipreses se mueven con un silencio que te impresiona, y puedes ver tumbas que llevan tu nombre y apellidos. Incluso allí está mi Madre y resto de mi familia,
Hace muchos años, más de sesenta y un años, mirabas a la Cuesta de La Granja, y en su cima estaba aquella Cruz de Madera, que un día de últimos de junio una tormenta seca la destrozó un rayo, Era el fiel testigo de aquel Cementerio, donde en el Rincón que da a la Carretera del Puerto, existía el lugar donde se enterraba a los que no querían pasar por la iglesia, Allí siendo niño un domingo hace más de setenta y un años, por la mañana vi enterrar a un hombre, que vivía en la Calle del Parchel, y le prohibieron después de muerto pasar por el Centro de esa Villa, Fue llevado a hombros en unas andas que dono nuestro paisano. Don Pedro Moyano, Catedrático de Veterinaria de Zaragoza y teniente alcalde de dicha ciudad del Ebro, esta hombre vi como lo echaban a la tumba con solo una sábana, en un silencio de sepulcro, todo el Camino al Camposanto en silencio, solo se escuchaba el ruido de la arena con el pisar de zapatos de ir al campo, el recorrido fue por la Huerta de La Alegre. Eran tiempos donde mejor estar callado, para evitar represiones, Así y todo, he vivido en ese Camposanto muchas horas de sensaciones duras, No solo mi Madre, si no en mi juventud una tarde de febrero muy fría, el sepelio de mi amiga Angelines Lorenzo Bayón, de mi misma edad, son momentos que llevas en la memoria y que sigues pensando como Becquer, “Dios mío que solos se quedan los muertos”. G X Cantalapiedra. 5 – 5 – 2026.
Nos dijo Gustabo Adolfo Becquer, El poeta de Las Rimas y leyendas. “Dios mío que solos se quedan los muertos”.
En el Camposanto de La Seca es un silencio que te deja sobresaltado, Los cipreses se mueven con un silencio que te impresiona, y puedes ver tumbas que llevan tu nombre y apellidos. Incluso allí está mi Madre y resto de mi familia,
Hace muchos años, más de sesenta y un años, mirabas a la Cuesta de La Granja, y en su cima estaba aquella Cruz de Madera, que un día de últimos de junio una tormenta seca la destrozó un rayo, Era el fiel testigo de aquel Cementerio, donde en el Rincón que da a la Carretera del Puerto, existía el lugar donde se enterraba a los que no querían pasar por la iglesia, Allí siendo niño un domingo hace más de setenta y un años, por la mañana vi enterrar a un hombre, que vivía en la Calle del Parchel, y le prohibieron después de muerto pasar por el Centro de esa Villa, Fue llevado a hombros en unas andas que dono nuestro paisano. Don Pedro Moyano, Catedrático de Veterinaria de Zaragoza y teniente alcalde de dicha ciudad del Ebro, esta hombre vi como lo echaban a la tumba con solo una sábana, en un silencio de sepulcro, todo el Camino al Camposanto en silencio, solo se escuchaba el ruido de la arena con el pisar de zapatos de ir al campo, el recorrido fue por la Huerta de La Alegre. Eran tiempos donde mejor estar callado, para evitar represiones, Así y todo, he vivido en ese Camposanto muchas horas de sensaciones duras, No solo mi Madre, si no en mi juventud una tarde de febrero muy fría, el sepelio de mi amiga Angelines Lorenzo Bayón, de mi misma edad, son momentos que llevas en la memoria y que sigues pensando como Becquer, “Dios mío que solos se quedan los muertos”. G X Cantalapiedra. 5 – 5 – 2026.