EN SU SOLEDAD CASTELLANA
Aquel hombre que toda su vida la paso en el entorno de las viñas de su familia, era estar a diario pendiente de la forma de labrarlas y cuidarlas, en primavera y verano estaba atento a las posibles enfermedades de esos majuelos, donde el oídio y el mildéu y otras pestes de las viñas como era la yesca, le tenían a este hombre viticultor todo el año vigilante de esos posibles males, Su vida era día y noche vigilar esas viñas que incluso una de esas viñas era como su privilegiada, estaba en la carretera que conduce a Valladolid, donde quizá este hombre se pasaba las horas en su mundo de cuidador, podador y vigilante, Eran aquellos años de la emigración forzosa, y este hombre comentaba, “mientras las viñas no me dejen de producir seguiré en estas tierras de esta Castilla Sedienta, donde tengo que ver como se mecaniza la agricultura, aunque las viñas será la mano del hombre quien las saque adelante, Este hombre que parecía tener claro su forma de vida, sabia que su vida estaba allí, donde los pámpanos de las cepas en el mes de mayo había que echarles azufre para que siguieran sanos, y quizá el sulfato en el mes de junio, era metódico, no fallaba en nada de aquel trabajo diario de viticultor, Más llegó un día donde sus piernas empezaron a flaquear, su edad cercana a los ochenta años, le dieron por pensar en su futuro, su trabajo era imposible realizarlo, su cabeza no perdía su condición de labrador, más sus manos cansadas y quebrantadas, apenas podía salir de su casa, El hombre en su soledad intentaba seguir adelante con su labranza, su esposa unos años más joven le animaba para que vendiera todas aquellas viñas que algunas las llego él a plantar. Y desde su casa con el cerebro bien intentaba condicionar su forma de vida, que económicamente no estaba mal, más la idea de vender le ponía los pocos pelos de la cabeza de punta, y el hombre organizo su labor sin vender nada, poco tiempo después este hombre fallecía, su esposa sin ánimo de lucro tuvo que vender aquellas viñas que eran muy apreciadas, y las que les dieron de comer y vivir dignamente en aquellos años del racionamiento y de la emigración forzosa, que hicieron salir de su tierra a cantidad de familias, camino de Vascongadas, Cataluña, Asturias, Madrid y otros destino cómo Valladolid.
G X Cantalapiedra. 26 – 2 – 2026.
Aquel hombre que toda su vida la paso en el entorno de las viñas de su familia, era estar a diario pendiente de la forma de labrarlas y cuidarlas, en primavera y verano estaba atento a las posibles enfermedades de esos majuelos, donde el oídio y el mildéu y otras pestes de las viñas como era la yesca, le tenían a este hombre viticultor todo el año vigilante de esos posibles males, Su vida era día y noche vigilar esas viñas que incluso una de esas viñas era como su privilegiada, estaba en la carretera que conduce a Valladolid, donde quizá este hombre se pasaba las horas en su mundo de cuidador, podador y vigilante, Eran aquellos años de la emigración forzosa, y este hombre comentaba, “mientras las viñas no me dejen de producir seguiré en estas tierras de esta Castilla Sedienta, donde tengo que ver como se mecaniza la agricultura, aunque las viñas será la mano del hombre quien las saque adelante, Este hombre que parecía tener claro su forma de vida, sabia que su vida estaba allí, donde los pámpanos de las cepas en el mes de mayo había que echarles azufre para que siguieran sanos, y quizá el sulfato en el mes de junio, era metódico, no fallaba en nada de aquel trabajo diario de viticultor, Más llegó un día donde sus piernas empezaron a flaquear, su edad cercana a los ochenta años, le dieron por pensar en su futuro, su trabajo era imposible realizarlo, su cabeza no perdía su condición de labrador, más sus manos cansadas y quebrantadas, apenas podía salir de su casa, El hombre en su soledad intentaba seguir adelante con su labranza, su esposa unos años más joven le animaba para que vendiera todas aquellas viñas que algunas las llego él a plantar. Y desde su casa con el cerebro bien intentaba condicionar su forma de vida, que económicamente no estaba mal, más la idea de vender le ponía los pocos pelos de la cabeza de punta, y el hombre organizo su labor sin vender nada, poco tiempo después este hombre fallecía, su esposa sin ánimo de lucro tuvo que vender aquellas viñas que eran muy apreciadas, y las que les dieron de comer y vivir dignamente en aquellos años del racionamiento y de la emigración forzosa, que hicieron salir de su tierra a cantidad de familias, camino de Vascongadas, Cataluña, Asturias, Madrid y otros destino cómo Valladolid.
G X Cantalapiedra. 26 – 2 – 2026.