LA SECA: UNA MAÑANA DE NIEBLA CERRADA...

UNA MAÑANA DE NIEBLA CERRADA
Una mañana del mes de enero, de esos días de niebla cerrada, de los años de 1960, cuando el frío bajaba los termómetros bajo cero, y los obreros de la agricultura caminaban detrás de sus mulas o burros para no quedarse helados, los viñedos allí llamados majuelos tenían sus pámpanos todos con hielo, era una forma de vida que obligaba a que todas las personas que por allí trabajaban fueran en sus pellizas y sus mantas de campo embozados, para evitar quedarse congelados. La poda de esas cepas era normal tener que cortar con su escarcha helada los tallos y varas, para dejar las cepas preparadas en sus brotes de primavera, El frío era intenso, había personas que se azotaban sus manos para entrar en calor, aunque su herramienta de poda fuera forrada con pieles de oveja para evitar ese frío castellano, incluso las personas que se dedicaban a recoger esos sarmientos pasaban frío al estar con hielo. Eran días de invierno cerrado, de durar la niebla varios días seguidos, sin poder ver el horizonte, aunque algunas tardes sobre las tres intentaba levantar la niebla, que enseguida minutos después avanzaba sobre las llanuras de esa Castilla Sedienta. Las noches eran de muy poca visibilidad, la niebla cubria ese valle lasecano, con una visibilidad de unos cincuenta metros de visión. Eran fechas donde hubo personas que no salian al campo a trabajar, sentían miedo al horizonte, sus conciencias no estaban nada claras, incluso ni salian de sus casas para evitar algún imprevisto, sin embargo la gente joven como era yo con quince años, todos los días de aquellas mañanas tan crudas, salíamos a podar sin ningún miedo, incluso aguantabas en las fincas hasta que empezaba anochecer, que siempre entrabas en la Villa cuando era noche cerrada, y el frío se dejaba sentir a tope, eran esos años que la emigración forzosa dejaba casas abandonadas que se hundieron sin remedio, al no tener entonces compradores, y costar mucho dinero el remodelarlas, Aquellos años se quedaron en el olvido, Más fueron años trágicos para ese Valle, donde se vivieron momentos trágicos, cómo fue El Ayuntamiento quemado, La Torre con media iglesia hundida, El Hospital abandonado y poco a poco derribado, Las bodegas subterráneas en algunas casas se terminaron hundiendo, y aquella Villa perdió muchos habitantes, siendo un momento donde la esperanza se veía mermada. Aquellos tiempos parece ser que se dejaron atrás, las nuevas generaciones cambiaron el ritmo de vida, y la mecanización de la agricultura resulto ser buena, Hoy día las personas jovenes ni saben ni se les ha contado aquella historia verdadera que algunos quisieron ocultar. Esta es la otra historia de La Seca. Verdadera…. G X Cantalapiedra.