EN LA ERMITA DE SAN ROQUE
Una tarde deliciosa cuando los pájaros cantan, si ves la vida dichosa los gritos siempre te espantan. Sentir de cerca el paisaje, sin pensar en nada raro, pensando en su buen anclaje donde todo se ve claro. Ir divisando viñedos en diferentes lugares, y comprender que los credos tienen signos regulares. La voz de la tierra tira, me dijeron de pequeño, luego piensas que se estira sin conocer ningún dueño. San Roque como testigo de esa tierra castellana, lugar donde algún amigo no quiso ver vida vana. Años llenos de coraje entre buenas sintonías, es precioso el oleaje de estas tierras de porfías. Subir despacio y sin prisa con la vista al horizonte, y conocer esa brisa que viene quizá del monte. Cuantas veces he subido con mi vieja bicicleta, la vida me ha permitido poder encontrar mi meta. La Seca como destino cuantos días he pasado, a veces bebiendo el vino que siempre me ha consolado. No podemos despedirnos incluso con mala suerte, ni podremos evadirnos cuando nos llame la muerte. San Roque sigue esperando para dejarnos un hueco, la brisa viene llegando sin hablar jamás del fleco. Las palabras se confunden en las tierras castellanas, aunque piensas que se hunden en las tardes inhumanas. San Roque sigue perenne, sobre la bella colina, puede divisar vaivenes que la noche determina. G X Cantalapiedra.
Una tarde deliciosa cuando los pájaros cantan, si ves la vida dichosa los gritos siempre te espantan. Sentir de cerca el paisaje, sin pensar en nada raro, pensando en su buen anclaje donde todo se ve claro. Ir divisando viñedos en diferentes lugares, y comprender que los credos tienen signos regulares. La voz de la tierra tira, me dijeron de pequeño, luego piensas que se estira sin conocer ningún dueño. San Roque como testigo de esa tierra castellana, lugar donde algún amigo no quiso ver vida vana. Años llenos de coraje entre buenas sintonías, es precioso el oleaje de estas tierras de porfías. Subir despacio y sin prisa con la vista al horizonte, y conocer esa brisa que viene quizá del monte. Cuantas veces he subido con mi vieja bicicleta, la vida me ha permitido poder encontrar mi meta. La Seca como destino cuantos días he pasado, a veces bebiendo el vino que siempre me ha consolado. No podemos despedirnos incluso con mala suerte, ni podremos evadirnos cuando nos llame la muerte. San Roque sigue esperando para dejarnos un hueco, la brisa viene llegando sin hablar jamás del fleco. Las palabras se confunden en las tierras castellanas, aunque piensas que se hunden en las tardes inhumanas. San Roque sigue perenne, sobre la bella colina, puede divisar vaivenes que la noche determina. G X Cantalapiedra.