AQUEL HOMBRE SE MARCHABA
Eran años de penumbras cuando el dinero faltaba, fueron jornadas insulsas que la mente hoy recordaba. En los topes de los trenes algunos de mercancías, sufriendo muchos vaivenes en aquellos grises días. Para buscarse un futuro en las tierras Vascongadas, pasando el viaje duro sobre tierras no pisadas. Los trenes donde montaba se pasaron dos jornadas, cuando a esa tierra llegaba sus fuerzas eran mermadas. Apenas con equipaje buscando trabajo y sueldo, en aquel negro paisaje la vida tuvo su credo. Trabajando día y noche incluso con estraperlo, sin hacer ningún derroche el mar jamás llegó a verlo. La Ría como testigo buscando siempre dinero, dicen que tuvo un amigo que le habló del mundo entero. Los negocios le brindaron hacerse con propiedades, sus paisanos lo notaron y supieron sus verdades. Tuvo suerte de casarse con una mujer austera, que supo bien controlarse y soñar con primavera. Fueron los años pasando entre perfecta armonía, la vida le fue dejando momentos con alegría. Toda su vida luchando por tener mucho dinero, al ser viejo fue notando, algún pasaje embustero. Con la vejez fue buscando algunos perdidos sueños, y de nuevo fue encontrando ciertos momentos risueños. En su mente recordaba algunos hombres ya muertos, y su pueblo abandonaba como en momentos inciertos, Atrás dejando lamentos de otros años temerosos, que le dieron sufrimientos y pocos ratos dichosos. Con la maleta cargada de pensamientos de entonces, vio su vida liberada sin olvidar ciertos roces. De nuevo en Las Vascongadas para seguir trabajando, la vejez tiene marcadas horas que sigues luchando. Sus hijos pronto olvidaron sus raíces castellanas, ellos se fueron cuidando de no ver sus vidas vanas. Cuando se acabó su vida nadie reclamó palabras, aquella senda perdida dejo de tener más cabras. Hay personas que con suerte agudizan sus andadas, luego si llega la muerte están sus cosas pagadas. Cuantas tristes peripecias, cuantas pasiones quemadas, hoy no valen las clemencias ni las horas mal pasadas, G X Cantalapiedra.
Eran años de penumbras cuando el dinero faltaba, fueron jornadas insulsas que la mente hoy recordaba. En los topes de los trenes algunos de mercancías, sufriendo muchos vaivenes en aquellos grises días. Para buscarse un futuro en las tierras Vascongadas, pasando el viaje duro sobre tierras no pisadas. Los trenes donde montaba se pasaron dos jornadas, cuando a esa tierra llegaba sus fuerzas eran mermadas. Apenas con equipaje buscando trabajo y sueldo, en aquel negro paisaje la vida tuvo su credo. Trabajando día y noche incluso con estraperlo, sin hacer ningún derroche el mar jamás llegó a verlo. La Ría como testigo buscando siempre dinero, dicen que tuvo un amigo que le habló del mundo entero. Los negocios le brindaron hacerse con propiedades, sus paisanos lo notaron y supieron sus verdades. Tuvo suerte de casarse con una mujer austera, que supo bien controlarse y soñar con primavera. Fueron los años pasando entre perfecta armonía, la vida le fue dejando momentos con alegría. Toda su vida luchando por tener mucho dinero, al ser viejo fue notando, algún pasaje embustero. Con la vejez fue buscando algunos perdidos sueños, y de nuevo fue encontrando ciertos momentos risueños. En su mente recordaba algunos hombres ya muertos, y su pueblo abandonaba como en momentos inciertos, Atrás dejando lamentos de otros años temerosos, que le dieron sufrimientos y pocos ratos dichosos. Con la maleta cargada de pensamientos de entonces, vio su vida liberada sin olvidar ciertos roces. De nuevo en Las Vascongadas para seguir trabajando, la vejez tiene marcadas horas que sigues luchando. Sus hijos pronto olvidaron sus raíces castellanas, ellos se fueron cuidando de no ver sus vidas vanas. Cuando se acabó su vida nadie reclamó palabras, aquella senda perdida dejo de tener más cabras. Hay personas que con suerte agudizan sus andadas, luego si llega la muerte están sus cosas pagadas. Cuantas tristes peripecias, cuantas pasiones quemadas, hoy no valen las clemencias ni las horas mal pasadas, G X Cantalapiedra.