AQUELLA TARDE DE NIEBLA
Eran las cinco y media de la tarde de aquel sábado de enero, la niebla llegó enseguida, estaba muy cerca el Duero. Un podador con su burra notaba un frío agorero, y preparando su carga de manojos de sarmientos, le dijo a su borriquilla, “Vamos camino del pueblo”. Era allí por San Martín, en la Carretera del Puerto, y la niebla y su mal fin emborronando el sarmiento. Los dos caminando juntos, el frío llegó de nuevo, sin ver a penas la viñas que allí se llaman majuelos, los dos pensando lo mismo, que lejos está mi pueblo, y por aquellas llanuras dicen que existe el Infierno, cerca La Cueva del Señor Vilo. La Paz tiene allí sendero, muchos son esos lugares que conocen jornaleros. Paso a paso caminando sin sueños aventureros, mientras sentían la niebla que no les daba consuelo, la borriquilla cargada de los perfectos manojos, en la tarde congelada hasta lloraban sus ojos. El podador sin visiones, la niebla todo espesura, mientras agarra su bota bebiendo vino de altura. Por El Camino del Puerto casi caminan a oscuras, pasaran el Cementerio sin ver gestos de diabluras. Eran las siete de la tarde, ya de noche con la niebla, la escarcha sobre las cejas, mientras los fríos re tiemblan. El podador con el frío ve su casa medio abierta, y gritando a su familia, le dice “Cerrar la puerta”, después aparca su carga de los sarmientos verdejos, y presiente en su cocina poder calentar su cuerpo. La borriquilla en la cuadra, que apenas tiene alimento, así la gente sencilla vivía en aquel momento. La noche se vino encima, con miserias y desprecios, con aquel penoso clima donde se miraban precios. La niebla dejaba frío que congelaba los huesos, y cualquier escalofrío eran tiempos sin regresos. Los borriquillos se fueron soportando los esfuerzos, mucho trabajo les dieron siempre siendo los refuerzos. Por El Camino de La Peña, igual que El Calvario Viejo, el podador con la leña nunca supo de complejo. La Carretera del Puerto, tiene sus buenos viñedos, pero conoce las nieblas que llegan del Río Duero. Podadores lasecanos, cargados de fríos vientos, siempre fueron los humanos que aguantaron sufrimientos. Un brindis por esos hombres que se ganaron el cielo, que cada cual con su nombre hicieron grande ese suelo. G X Cantalapiedra. 27 – 1 – 2021.
Eran las cinco y media de la tarde de aquel sábado de enero, la niebla llegó enseguida, estaba muy cerca el Duero. Un podador con su burra notaba un frío agorero, y preparando su carga de manojos de sarmientos, le dijo a su borriquilla, “Vamos camino del pueblo”. Era allí por San Martín, en la Carretera del Puerto, y la niebla y su mal fin emborronando el sarmiento. Los dos caminando juntos, el frío llegó de nuevo, sin ver a penas la viñas que allí se llaman majuelos, los dos pensando lo mismo, que lejos está mi pueblo, y por aquellas llanuras dicen que existe el Infierno, cerca La Cueva del Señor Vilo. La Paz tiene allí sendero, muchos son esos lugares que conocen jornaleros. Paso a paso caminando sin sueños aventureros, mientras sentían la niebla que no les daba consuelo, la borriquilla cargada de los perfectos manojos, en la tarde congelada hasta lloraban sus ojos. El podador sin visiones, la niebla todo espesura, mientras agarra su bota bebiendo vino de altura. Por El Camino del Puerto casi caminan a oscuras, pasaran el Cementerio sin ver gestos de diabluras. Eran las siete de la tarde, ya de noche con la niebla, la escarcha sobre las cejas, mientras los fríos re tiemblan. El podador con el frío ve su casa medio abierta, y gritando a su familia, le dice “Cerrar la puerta”, después aparca su carga de los sarmientos verdejos, y presiente en su cocina poder calentar su cuerpo. La borriquilla en la cuadra, que apenas tiene alimento, así la gente sencilla vivía en aquel momento. La noche se vino encima, con miserias y desprecios, con aquel penoso clima donde se miraban precios. La niebla dejaba frío que congelaba los huesos, y cualquier escalofrío eran tiempos sin regresos. Los borriquillos se fueron soportando los esfuerzos, mucho trabajo les dieron siempre siendo los refuerzos. Por El Camino de La Peña, igual que El Calvario Viejo, el podador con la leña nunca supo de complejo. La Carretera del Puerto, tiene sus buenos viñedos, pero conoce las nieblas que llegan del Río Duero. Podadores lasecanos, cargados de fríos vientos, siempre fueron los humanos que aguantaron sufrimientos. Un brindis por esos hombres que se ganaron el cielo, que cada cual con su nombre hicieron grande ese suelo. G X Cantalapiedra. 27 – 1 – 2021.