VISITANDO LA CUEVA DEL SEÑOR VILO
Recorriendo los caminos de estas tierras tan sedientas, donde se dan buenos vinos y los verdejos aumentan. De paso vi Los Erizos con balcones que se inventan, Macana contiene hechizos que Las Planas alimentan. Una Carretera Blanca con la historia que se asienta, La Peña sigue marcando esa vieja carretera, donde se va circulando entre bonitas laderas. La Paz, habló Martín Sancho, y El Infierno de frontera, La Cueva del señor Vilo era luz de La Ribera. La Villa de San Martín que una peste deshiciera, sin conocer bien su perfil hubo una etapa agorera. Toda la historia palpita, no existe la pena negra, el humano cuando grita teme algún virus muy fiera. Un amigo me llevaba por aquella carretera, y su historia me contaba al estar allí a su vera. La Seca sigue su marcha entre las tristes pandemias, a la esperanza se engancha sin temer las epidemias. Pise de cerca pinares, entre soledades serias, recorriendo los lugares que pasaron sus miserias. La Seca sigue de lejos esa bonita caverna, donde nadie vio complejos ni paso la noche eterna. Volveré con ese amigo que sabe cosas de noria, para mí no es un castigo recuperar la memoria. Desde niño fui escuchando esa tan perdida Cueva, y su nombre fui guardando sin que su nombre se fuera. Desde lejos brilla El Duero, con ese brillo de estrella, donde surge el romancero igual que la noche aquella. Nombres que tienen su rango, con pasajes de memoria, no existe camino largo cuando se busca la gloria. La Seca tiene motivos de fechas que fueron serias, que sin importar festivos sufrieron ciertas miserias. La Villa de San Martín, con aquella peste negra, hoy miramos de perfil si la pandemia fue seria. No podemos borrar nada, que nadie anule senderos, la vida sigue marcada por gestos de aventureros. Hay nombres que son testigos, y testigos que están muertos, y rutas que son castigos en los momentos inciertos. G X Cantalapiedra.
Recorriendo los caminos de estas tierras tan sedientas, donde se dan buenos vinos y los verdejos aumentan. De paso vi Los Erizos con balcones que se inventan, Macana contiene hechizos que Las Planas alimentan. Una Carretera Blanca con la historia que se asienta, La Peña sigue marcando esa vieja carretera, donde se va circulando entre bonitas laderas. La Paz, habló Martín Sancho, y El Infierno de frontera, La Cueva del señor Vilo era luz de La Ribera. La Villa de San Martín que una peste deshiciera, sin conocer bien su perfil hubo una etapa agorera. Toda la historia palpita, no existe la pena negra, el humano cuando grita teme algún virus muy fiera. Un amigo me llevaba por aquella carretera, y su historia me contaba al estar allí a su vera. La Seca sigue su marcha entre las tristes pandemias, a la esperanza se engancha sin temer las epidemias. Pise de cerca pinares, entre soledades serias, recorriendo los lugares que pasaron sus miserias. La Seca sigue de lejos esa bonita caverna, donde nadie vio complejos ni paso la noche eterna. Volveré con ese amigo que sabe cosas de noria, para mí no es un castigo recuperar la memoria. Desde niño fui escuchando esa tan perdida Cueva, y su nombre fui guardando sin que su nombre se fuera. Desde lejos brilla El Duero, con ese brillo de estrella, donde surge el romancero igual que la noche aquella. Nombres que tienen su rango, con pasajes de memoria, no existe camino largo cuando se busca la gloria. La Seca tiene motivos de fechas que fueron serias, que sin importar festivos sufrieron ciertas miserias. La Villa de San Martín, con aquella peste negra, hoy miramos de perfil si la pandemia fue seria. No podemos borrar nada, que nadie anule senderos, la vida sigue marcada por gestos de aventureros. Hay nombres que son testigos, y testigos que están muertos, y rutas que son castigos en los momentos inciertos. G X Cantalapiedra.