LA NOCHE CUANDO PISARON EL CEMENTERIO
Aquella noche del mes de abril, del año 1964, ocho jóvenes discutiendo en aquella villa castellana, quisieron marcar diferencias, entre la vida y la muerte, y se apostaron algún dinero entre los dos grupos de cuatro jóvenes, que intentaron que su apuesta, fuera el de llegar al cementerio local, y tratar de abrir su puerta, llegando incluso a poner un pañuelo, sobre la tumba de una joven fallecida, amiga de los ocho jóvenes, y que había fallecido hacía muy poco tiempo. Eran las diez de la noche, y no brillaba la luna, solo las grandes estrellas, se divisaban en el cielo más bien oscuro. Los cuatro jóvenes primeros, salieron camino del cementerio, en busca de su aventura, todos llevaban el miedo en el cuerpo, nunca ellos pensaron en una apuesta tan fría y temerosa, pero la juventud y el querer ser un valiente, les había llevado hasta esa apuesta fúnebre. El cementerio de la villa, se encontraba como casi a un kilómetro de distancia de la población, y la oscuridad más negra y grande, se notaba en su camino, uno de los amigos comento, sería mejor el darnos la vuelta, y acabar marchándonos a casa a dormir, sin que ellos no se enteren, pero los otros tres no pensaban igual, y llegaron en la oscuridad a la puerta del Campo Santo, donde con una pequeña navaja intentaron abrir la puerta de dicho lugar. Todo parecía imposible, la cerradura no se abría, y sin darse apenas cuenta, la niebla que a veces en Castilla es justiciera, les dejo aún más a oscuras, al ver que no podían usar la puerta principal, se abalanzaron sobre la tapia de la zona Este, para poder pasar dentro de dicho lugar, El miedo con el gritar de las urracas, era de salir corriendo, pero el más mayor de todos, les impuso valor, lo que les hizo llegar a oscuras, hasta la tumba de la joven, donde dejaron tres pañuelos de bolsillo, y sin esperar a recapacitar a lo que estaban haciendo, intentaron de nuevo saltar la tapia, pero el resultado fue fatal, según caminaban por entre las tumbas, se hundió el suelo de una de ellas, yendo los cuatro amigos a su fondo, el grito fue horroroso, al comprobar que tenía más de dos metros de profundidad, y no eran capaces de ver la salida, el miedo se ha dentro en las conciencias de los cuatro amigos, y pensando en una horrible maldición, por romper el silencio de los muertos. Después de un tiempo para poder salir de la tumba, intentaron llegar hasta la tapia, pero un rosal al lado de otra tumba les araño hasta en la cara, y con el miedo en el cuerpo, saltaron la tapia, para después dirigirse a donde esperaban los otros cuatro amigos. Que al verlos llegar, rebozados en barro, y sangrando por la manos, pensaron en algo trágico. Más la apuesta estaba en pie, y sin mucho dudar, avanzaron hasta el Campo Santo, esta vez sí pudieron abrir la puerta, uno de ellos llevaba una llave parecida, y consiguió enseguida abrir, por el pasillo central del Campo Santo, se dirigieron hasta dicha tumba, pero se ve que un conejo que por allí debía de pastar, salió corriendo, y el miedo a un busto que estaba al lado, les hizo retroceder, y los cuatro amigos, unidos por el miedo, se quedaron inmóviles, la niebla continuaba, y el sonido de las urracas, y quizá de algún mochuelo, les hacía temblar, se quedaron en aquel pasillo sin saber qué hacer, hasta que decidieron salir lo antes posible del Campo Santo, donde a la salida, se encontraron con un pastor y sus perros, que les ladraban como si fueran ladrones, aquel pastor venía desde su nave, donde descansaban sus ovejas, y al ver la puerta central del Cementerio abierta, les dio el alto a los ladrones, y muertos de miedo contestaron quien eran, y la apuesta que habían tenido esa noche que se abalanzo la niebla, y que los perros de dicho pastor les quisieron morder al ser desconocidos para ellos. G X Cantalapiedra.
Aquella noche del mes de abril, del año 1964, ocho jóvenes discutiendo en aquella villa castellana, quisieron marcar diferencias, entre la vida y la muerte, y se apostaron algún dinero entre los dos grupos de cuatro jóvenes, que intentaron que su apuesta, fuera el de llegar al cementerio local, y tratar de abrir su puerta, llegando incluso a poner un pañuelo, sobre la tumba de una joven fallecida, amiga de los ocho jóvenes, y que había fallecido hacía muy poco tiempo. Eran las diez de la noche, y no brillaba la luna, solo las grandes estrellas, se divisaban en el cielo más bien oscuro. Los cuatro jóvenes primeros, salieron camino del cementerio, en busca de su aventura, todos llevaban el miedo en el cuerpo, nunca ellos pensaron en una apuesta tan fría y temerosa, pero la juventud y el querer ser un valiente, les había llevado hasta esa apuesta fúnebre. El cementerio de la villa, se encontraba como casi a un kilómetro de distancia de la población, y la oscuridad más negra y grande, se notaba en su camino, uno de los amigos comento, sería mejor el darnos la vuelta, y acabar marchándonos a casa a dormir, sin que ellos no se enteren, pero los otros tres no pensaban igual, y llegaron en la oscuridad a la puerta del Campo Santo, donde con una pequeña navaja intentaron abrir la puerta de dicho lugar. Todo parecía imposible, la cerradura no se abría, y sin darse apenas cuenta, la niebla que a veces en Castilla es justiciera, les dejo aún más a oscuras, al ver que no podían usar la puerta principal, se abalanzaron sobre la tapia de la zona Este, para poder pasar dentro de dicho lugar, El miedo con el gritar de las urracas, era de salir corriendo, pero el más mayor de todos, les impuso valor, lo que les hizo llegar a oscuras, hasta la tumba de la joven, donde dejaron tres pañuelos de bolsillo, y sin esperar a recapacitar a lo que estaban haciendo, intentaron de nuevo saltar la tapia, pero el resultado fue fatal, según caminaban por entre las tumbas, se hundió el suelo de una de ellas, yendo los cuatro amigos a su fondo, el grito fue horroroso, al comprobar que tenía más de dos metros de profundidad, y no eran capaces de ver la salida, el miedo se ha dentro en las conciencias de los cuatro amigos, y pensando en una horrible maldición, por romper el silencio de los muertos. Después de un tiempo para poder salir de la tumba, intentaron llegar hasta la tapia, pero un rosal al lado de otra tumba les araño hasta en la cara, y con el miedo en el cuerpo, saltaron la tapia, para después dirigirse a donde esperaban los otros cuatro amigos. Que al verlos llegar, rebozados en barro, y sangrando por la manos, pensaron en algo trágico. Más la apuesta estaba en pie, y sin mucho dudar, avanzaron hasta el Campo Santo, esta vez sí pudieron abrir la puerta, uno de ellos llevaba una llave parecida, y consiguió enseguida abrir, por el pasillo central del Campo Santo, se dirigieron hasta dicha tumba, pero se ve que un conejo que por allí debía de pastar, salió corriendo, y el miedo a un busto que estaba al lado, les hizo retroceder, y los cuatro amigos, unidos por el miedo, se quedaron inmóviles, la niebla continuaba, y el sonido de las urracas, y quizá de algún mochuelo, les hacía temblar, se quedaron en aquel pasillo sin saber qué hacer, hasta que decidieron salir lo antes posible del Campo Santo, donde a la salida, se encontraron con un pastor y sus perros, que les ladraban como si fueran ladrones, aquel pastor venía desde su nave, donde descansaban sus ovejas, y al ver la puerta central del Cementerio abierta, les dio el alto a los ladrones, y muertos de miedo contestaron quien eran, y la apuesta que habían tenido esa noche que se abalanzo la niebla, y que los perros de dicho pastor les quisieron morder al ser desconocidos para ellos. G X Cantalapiedra.