LA SECA: EL MIEDO DE AQUELLA NOCHE NEGRA DEL MES DE NOVIEMBRE...

EL MIEDO DE AQUELLA NOCHE NEGRA DEL MES DE NOVIEMBRE DE 1942.
Aquel hombre nacido en La Castilla Profunda, y habiendo sido un ganador de la Guerra Civil, intentaba llegar a su villa de la provincia de Valladolid, para poder ver a su madre que estaba en sus últimas horas de vida. Este hombre al finalizar la guerra, se quedó colocado en puestos de trabajo del Estado en Madrid. Aquella noche sobre la una de la madrugada, llegaba a la estación de ferrocarril de Medina del Campo, y al no encontrar ningún coche de punto o alquiler que le llevaran a su villa, no le quedó más remedio que iniciar aquel camino que le llevase a su destino, al salir de Medina del Campo, empezó a notar el frío de esas noches castellanas, pero el deseo de poder ver a su madre con vida, le hicieron tener el valor de seguir caminando, al empezar la caminata empezó recordando, que en su villa, había dejado amigos, pero también muchos enemigos, que nunca le darían la mano para saludarle, ni darle el pésame en caso del fallecimiento de su madre, los tres primeros kilómetros les anduvo bastante tranquilo, pero a nivel que se iba acercando a su villa, los recuerdos de los acontecimientos de los primeros días de la guerra, se le vinieron a la cabeza, sintió escalofríos y vergüenza, y tan solo le levantaron su pensamiento, unos perros que ladraban en la oscuridad de la noche, como haciendo una repulsa a su presencia en aquella tierra, donde el nació, continuo sin dejar de oír los ladridos en la distancia, de vez en cuando se sentía el ruido de los trenes nocturnos, que soltaban su chillido atronador, y que se escuchaba hasta en más de siete kilómetros de las vías, intento tratar de olvidar su fechorías de faccioso, y de recordar a muchos de sus vecinos que fueron brutalmente asesinados, y donde él fue parte y obra de tales desmanes, su conciencia le había dado algún susto en Madrid, pero nunca tan cerca como aquella noche de noviembre. La carretera de tierra y piedras sueltas, le hacían andar muy mal sobre aquel suelo, y los recuerdos pasados le mortificaban su conciencia de ser humano, de pronto notó una luz como venida del cielo, y con ella un seguimiento de astro que circulaba a mucha velocidad, que se estrelló sobre el suelo, aunque no podía aclarar a que distancia se encontraba de donde el caminaba. Los recuerdos y el miedo se amontonaban, y sin tardar mucho unas brisas heladoras avanzaron hacia él, eran las nieblas del río Duero, frías y con muy poca visibilidad. Aquel contorno de cosas le sacaban de quicio, y mucho más al llegar a su villa, y ver que su madre había fallecido, una vez que paso el funeral, salió disparado del lugar, ya que hubo alguna persona que le indicaban con el dedo por sus malos actos hacia algún vecino asesinado, aquel día para él fue terrorífico, ya que hasta su propia familia le indico que se fuera de allí cuanto antes, no sea que algún heredero sin fortuna, pudiera vengar alguna muerte, de las que a él le culpaban, sin pérdida de tiempo se marchó, camino de Medina del Campo, en una tartana tirada por un caballo, donde de nuevo se subió al tren con el billete recién sacado. El amigo que le llevo, en el camino le indico, es mucho mejor que no vuelvas por aquí, tu mala fama se ha extendido, y puede mancharnos a todos los que fuimos tus amigos, mejor que sigas en Madrid y no regresas más a esta tierra de odios y maldades. Donde nadie está a salvo, y en los días grises de niebla, muchos no salimos a trabajar al campo, por miedo a los espíritus que parecen andar por algunos caminos, donde dejamos nuestras señales bien marcadas. Le decía el amigo, al fin de todo, tu estas bien colocado, y no tienes necesidad de enfrentarte con nadie de tus paisanos, que como tú ya habido algunas personas que se alejaron sin dar demasiadas explicaciones. El tren parecía latir con fuerza, y el hombre sin más se despedía de su viejo amigo, que en aquellos momentos casi le repudiaba. Las gentes de esas tierras castellanas, tienen ideas fijas, y no perdonan a sus enemigos ni después de muertos, G X Cantalapiedra.