AQUEL BURRO QUE SU DUEÑO LE CASTIGABA
Era el año de mil novecientos cincuenta y nueve, y aquel burro en su corral, había comido parte de los brotes verdes de la parra, que adornaban toda la fachada trasera de la casa, el dueño al ver el destrozo efectuado por el asno, le dio con una vara de mimbre, una enorme paliza, hasta que el asno quedo medio caído en el suelo, y su dueño le maltrato, sin ninguna clemencia, y pensó quitársele de su vista, por lo dañino y travieso, y al día siguiente le puso en venta al burro, ya que el dueño era tan burro o incluso más que el asno. Un pastor de aquella villa de Castilla. Le compró por muy poco dinero, no llego a pagar por el burro. ni mil pesetas, cosa que en aquellos años era muy normal, el asno empezó su nueva vida, con el pastor y su rebaño de ovejas, andando por el campo en completa libertad, y aquel verano, comiendo en trigales y rastrojeras, y el burro al recordarse, que en aquel termino, el antiguo dueño suyo, tenía una finca, el burro se alejó un poco de su rebaño, y se fue a comer cebada del antiguo dueño, el pastor viendo su intención le dejo que se llenara de comer, a cuenta del dueño que le maltrataba, y no respetaba para nada su vida de asno o burro, el trabajo del burro, era transportar los cantaros de leche, que diariamente llevaba a la quesería, para fabricar el queso que tan buena fama tenía, el recorrido era desde el campo donde tenían puestas las teleras de madera, y se encerraban las ovejas por las siestas y noches, y donde se ordeñaban a diario dos veces aquella piara de merinas castellanas, y el recorrido era de unos seis kilómetros ida y vuelta, que el asno en poco más de una hora diariamente recorría, ya que los festivos para los pastores castellanos no existía. El zagal que llevaba al asno, jugaba con él, en algún rato perdido en pleno campo, al burro le toreaba, ya que el joven soñaba con ser torero. El burro siguió día a día acercándose al cebadal del antiguo dueño, y le había logrado hacer bastaste destrozo, y comido un buen trozo del cebadal, cosa que su antiguo dueño enseguida cayo en la cuenta, y habló con el pastor, que era el actual dueño del asno, del daño recibido, el pastor negó que el burro fuera tan inteligente, que se acercara a su finca para cobrarse en cebada los palos recibidos, el asno veía a su antiguo dueño, y levantaba sus grandes orejas apuntando la dirección donde se encontraba, pero con un aspecto de quererle decir lo salvaje que era, y lo mal que se había portado con él, el antiguo dueño, le hubiera gustado darle muchos más palos, pero el pastor y zagal estaban muy contentos con su trabajo y dedicación, y tan solo le daban la oportunidad de ser un burro, muy bien alimentado y a la vez mejor tratado que nunca, Los rebuznos se dejaban oír mucho más que los ladridos de los perros, y en el campo sus trotes y galopadas, eran frecuentes. Hasta que un día el burro estando atado a la ventana de la quesería, el antiguo dueño le intento dar una patada en el bajo vientre, y el asno, se dio cuenta de sus malignas intenciones, y entonces le soltó una teína, que el dueño recibió en todo su pecho, tirándole hacia detrás, y viéndose revolcado en el suelo, y encima sin poder decir lo que el intentaba, el asno rebuzno con alegría, se había cobrado la paliza que el antiguo dueño le dio, dejando medio agotado y lesionado, por sus palos. Aquel maltrato animal, le costó a su antiguo dueño, el tener que dirigirse a la clínica, donde el médico le mando, el hacerse una radiografía del pecho, por si tuviera alguna costilla rota o algún daño interno. El pastor al enterarse de la agresión, que el burro le había proporcionado a su antiguo dueño, comento, El que a hierro hiere a hierro muere, y el que siembra viento, recogerá tempestades. Aquel burro o asno, que ni era tan burro, ni fue tan asno, resulto ser un animal mucho más humano, que algunos hombres que solo sabían dar palos. G X Cantalapiedra. 14 – 4 – 2018.
Era el año de mil novecientos cincuenta y nueve, y aquel burro en su corral, había comido parte de los brotes verdes de la parra, que adornaban toda la fachada trasera de la casa, el dueño al ver el destrozo efectuado por el asno, le dio con una vara de mimbre, una enorme paliza, hasta que el asno quedo medio caído en el suelo, y su dueño le maltrato, sin ninguna clemencia, y pensó quitársele de su vista, por lo dañino y travieso, y al día siguiente le puso en venta al burro, ya que el dueño era tan burro o incluso más que el asno. Un pastor de aquella villa de Castilla. Le compró por muy poco dinero, no llego a pagar por el burro. ni mil pesetas, cosa que en aquellos años era muy normal, el asno empezó su nueva vida, con el pastor y su rebaño de ovejas, andando por el campo en completa libertad, y aquel verano, comiendo en trigales y rastrojeras, y el burro al recordarse, que en aquel termino, el antiguo dueño suyo, tenía una finca, el burro se alejó un poco de su rebaño, y se fue a comer cebada del antiguo dueño, el pastor viendo su intención le dejo que se llenara de comer, a cuenta del dueño que le maltrataba, y no respetaba para nada su vida de asno o burro, el trabajo del burro, era transportar los cantaros de leche, que diariamente llevaba a la quesería, para fabricar el queso que tan buena fama tenía, el recorrido era desde el campo donde tenían puestas las teleras de madera, y se encerraban las ovejas por las siestas y noches, y donde se ordeñaban a diario dos veces aquella piara de merinas castellanas, y el recorrido era de unos seis kilómetros ida y vuelta, que el asno en poco más de una hora diariamente recorría, ya que los festivos para los pastores castellanos no existía. El zagal que llevaba al asno, jugaba con él, en algún rato perdido en pleno campo, al burro le toreaba, ya que el joven soñaba con ser torero. El burro siguió día a día acercándose al cebadal del antiguo dueño, y le había logrado hacer bastaste destrozo, y comido un buen trozo del cebadal, cosa que su antiguo dueño enseguida cayo en la cuenta, y habló con el pastor, que era el actual dueño del asno, del daño recibido, el pastor negó que el burro fuera tan inteligente, que se acercara a su finca para cobrarse en cebada los palos recibidos, el asno veía a su antiguo dueño, y levantaba sus grandes orejas apuntando la dirección donde se encontraba, pero con un aspecto de quererle decir lo salvaje que era, y lo mal que se había portado con él, el antiguo dueño, le hubiera gustado darle muchos más palos, pero el pastor y zagal estaban muy contentos con su trabajo y dedicación, y tan solo le daban la oportunidad de ser un burro, muy bien alimentado y a la vez mejor tratado que nunca, Los rebuznos se dejaban oír mucho más que los ladridos de los perros, y en el campo sus trotes y galopadas, eran frecuentes. Hasta que un día el burro estando atado a la ventana de la quesería, el antiguo dueño le intento dar una patada en el bajo vientre, y el asno, se dio cuenta de sus malignas intenciones, y entonces le soltó una teína, que el dueño recibió en todo su pecho, tirándole hacia detrás, y viéndose revolcado en el suelo, y encima sin poder decir lo que el intentaba, el asno rebuzno con alegría, se había cobrado la paliza que el antiguo dueño le dio, dejando medio agotado y lesionado, por sus palos. Aquel maltrato animal, le costó a su antiguo dueño, el tener que dirigirse a la clínica, donde el médico le mando, el hacerse una radiografía del pecho, por si tuviera alguna costilla rota o algún daño interno. El pastor al enterarse de la agresión, que el burro le había proporcionado a su antiguo dueño, comento, El que a hierro hiere a hierro muere, y el que siembra viento, recogerá tempestades. Aquel burro o asno, que ni era tan burro, ni fue tan asno, resulto ser un animal mucho más humano, que algunos hombres que solo sabían dar palos. G X Cantalapiedra. 14 – 4 – 2018.