CUANDO LOS SILENCIOS SON TESTIGOS DE INJUSTICIAS
En aquel pueblo castellano, hubo un hombre que siendo un buen profesional, tuvo que salir de allí corriendo, eran los años de mil novecientos cincuenta y cinco, cuando aquel pueblo celebraba la fiesta de Los Reyes Magos. Él era el padre de cinco hijos, y con su oficio de pastor asalariado, les dejaron sin ningún juguete a sus hijos. Él al verse discriminado, tuvo la fortaleza, de lanzar su queja sobre el alcalde y concejales, que en aquellos años eran puestos a dedo, y que tan solo regalaron juguetes en aquel día de Reyes, a sus amiguetes y familiares, con el dinero de los impuestos de los vecinos del pueblo, este hombre que había nacido y siempre trabajando de pastor en dicha localidad, donde hacía ya sus años que nació, tuvo que salir del pueblo deprisa, ya que fue despedido de su trabajo, sin derecho a nada, y además, sin poder reclamar aquel despido improcedente, con el agravante, de dar mala conducta a toda su familia incluso después de muchos años. El hombre termino de pastor en un caserío, aunque sus cinco hijos, pudieron ir a la escuela, en la localidad más próxima de dicho caserío, Aquella represión fascista, sobre aquel hombre, que jamás había participado en nada de política, era lo suficiente fuerte para que incluso personas de su ideología, en la soledad de sus familiares, soltaran palabras contra aquellos hombres, que tan solo querían ser autoridades privilegiadas, sin conciencia de tener que dar cuentas a nadie, de sus pervertidos actos, y que cualquiera persona que reclamara, sería llevado al paredón, oh algún pinar donde seria pasado por las armas, y que de vez en cuando, soltaban la palabra, “Te tengo apuntado para el próximo fusilamiento, ándate con mucho cuidado”. Aquel hombre que era un buen profesional del pastoreo, su marcha cayo bastante mal, y hasta años después, que volvió a su pueblo, casi nadie se lo pudo comunicar, ni lamentar tan mal comportamiento de las autoridades de entonces, que obligaron a su patrón a despedirle, tan solo por decir la discriminación que tuvieron con sus cinco hijos. En aquella fecha de Reyes y su cabalgata, por las calles, donde se respiraba un poco de economía, dejando a calles que tenían más pobreza un poco de lado, Aquellos años de silencios marginados, fueron en la Castilla Profunda, un montón de malos tratos y circunstancias parecidas. Quien hablaba o reclamaba sus derechos, no de ciudadano, sí no de súbdito, era pisoteado y le enseñaban el camino de la “EMIGRACIÓN FORZOSA”, que sin esperar a mas conclusiones, les obligaban a marcharse del lugar donde habían nacido, sin esperar que nadie se atreviera a saltarse las normas de aquel caciquismo castellano, que tantas lagrimas causaron a muchas buenas personas, que después de algunos años, se enteraron de ser personas queridas y respetadas, por la mayoría de los vecinos. Aquel pueblo castellano, tuvo que aguantar el caciquismo, hasta las primeras elecciones libres y democráticas, donde todavía aquellos caciques, intentaron quedarse con el cargo, pero que todo su pueblo les negó su voto, y se adentro en aquel pueblo. “El Viento de la Libertad”, y de los derechos humanos, que ya nunca más permitieron aquellos abusos, sobre la gente humilde y trabajadora, que se ganaba la vida, en sus oficios del campo, a veces hasta durmiendo con el ganado que cuidaban, por unos sueldos que apenas les daban para mal vivir, ya que sus ropas y enseres familiares, daban pena el conocerlos de cerca. Jornadas de trabajo de 16, horas al día, ó quizá incluso más, en pleno verano, donde unas teleras de madera, era el corraliza de las ovejas en el campo, y allí mismo eran ordeñadas y salían directas a los rastrojos, para que no caminaran en balde, por los caminos secos y polvorientos, donde los pelos precisaban un buen “PEINE”. Esta historia verdadera, fue conocida y sufrida en tierras castellanas. G X Cantalapiedra.
En aquel pueblo castellano, hubo un hombre que siendo un buen profesional, tuvo que salir de allí corriendo, eran los años de mil novecientos cincuenta y cinco, cuando aquel pueblo celebraba la fiesta de Los Reyes Magos. Él era el padre de cinco hijos, y con su oficio de pastor asalariado, les dejaron sin ningún juguete a sus hijos. Él al verse discriminado, tuvo la fortaleza, de lanzar su queja sobre el alcalde y concejales, que en aquellos años eran puestos a dedo, y que tan solo regalaron juguetes en aquel día de Reyes, a sus amiguetes y familiares, con el dinero de los impuestos de los vecinos del pueblo, este hombre que había nacido y siempre trabajando de pastor en dicha localidad, donde hacía ya sus años que nació, tuvo que salir del pueblo deprisa, ya que fue despedido de su trabajo, sin derecho a nada, y además, sin poder reclamar aquel despido improcedente, con el agravante, de dar mala conducta a toda su familia incluso después de muchos años. El hombre termino de pastor en un caserío, aunque sus cinco hijos, pudieron ir a la escuela, en la localidad más próxima de dicho caserío, Aquella represión fascista, sobre aquel hombre, que jamás había participado en nada de política, era lo suficiente fuerte para que incluso personas de su ideología, en la soledad de sus familiares, soltaran palabras contra aquellos hombres, que tan solo querían ser autoridades privilegiadas, sin conciencia de tener que dar cuentas a nadie, de sus pervertidos actos, y que cualquiera persona que reclamara, sería llevado al paredón, oh algún pinar donde seria pasado por las armas, y que de vez en cuando, soltaban la palabra, “Te tengo apuntado para el próximo fusilamiento, ándate con mucho cuidado”. Aquel hombre que era un buen profesional del pastoreo, su marcha cayo bastante mal, y hasta años después, que volvió a su pueblo, casi nadie se lo pudo comunicar, ni lamentar tan mal comportamiento de las autoridades de entonces, que obligaron a su patrón a despedirle, tan solo por decir la discriminación que tuvieron con sus cinco hijos. En aquella fecha de Reyes y su cabalgata, por las calles, donde se respiraba un poco de economía, dejando a calles que tenían más pobreza un poco de lado, Aquellos años de silencios marginados, fueron en la Castilla Profunda, un montón de malos tratos y circunstancias parecidas. Quien hablaba o reclamaba sus derechos, no de ciudadano, sí no de súbdito, era pisoteado y le enseñaban el camino de la “EMIGRACIÓN FORZOSA”, que sin esperar a mas conclusiones, les obligaban a marcharse del lugar donde habían nacido, sin esperar que nadie se atreviera a saltarse las normas de aquel caciquismo castellano, que tantas lagrimas causaron a muchas buenas personas, que después de algunos años, se enteraron de ser personas queridas y respetadas, por la mayoría de los vecinos. Aquel pueblo castellano, tuvo que aguantar el caciquismo, hasta las primeras elecciones libres y democráticas, donde todavía aquellos caciques, intentaron quedarse con el cargo, pero que todo su pueblo les negó su voto, y se adentro en aquel pueblo. “El Viento de la Libertad”, y de los derechos humanos, que ya nunca más permitieron aquellos abusos, sobre la gente humilde y trabajadora, que se ganaba la vida, en sus oficios del campo, a veces hasta durmiendo con el ganado que cuidaban, por unos sueldos que apenas les daban para mal vivir, ya que sus ropas y enseres familiares, daban pena el conocerlos de cerca. Jornadas de trabajo de 16, horas al día, ó quizá incluso más, en pleno verano, donde unas teleras de madera, era el corraliza de las ovejas en el campo, y allí mismo eran ordeñadas y salían directas a los rastrojos, para que no caminaran en balde, por los caminos secos y polvorientos, donde los pelos precisaban un buen “PEINE”. Esta historia verdadera, fue conocida y sufrida en tierras castellanas. G X Cantalapiedra.