últimamente el herrador (o si me permitís "el herrado") está perdiendo el norte. Esto es lo que me faltaba por ver: ¡cobrando entrada en la discoteca! Que cobraran cuando se abrió era lógico ya que no había muchos sitios donde ir. Ahora es absurdo. Casi todo el mundo conoce a alguien que le pueda acercar a Toro o Alaejos y disfrutar de más bares, gratis y con mejor música. La gente que se queda en el pueblo lo hace por intentar levantar la fiesta en el pueblo y no por escuchar a cuatro deejays pastilleros rebientatimpanos (¡que agusto me he quedado!) A ver si tenemos un poco más de visión empresarial, a nadie nos conviene que la discoteca vaya a pique.