El otro día estuve en vuestro
pueblo y me quedé sorprendida al no ver a nadie en la
Plaza Mayor, solamente un pobre pordiosero tumbado que, al verme, debía estar muerto de hambre y frío, se incorporó y me pidió, muy cortésmente, una moneda para poder tomarse un café. Al verle tan necesitado, le di su moneda y un poco más para que se comprase algo para
comer.
Me parece lamentable que se permita a este mendigo estar tumbado pasando hambre y frío en la misma
puerta del
Ayuntamiento, en peores condiciones
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