Las órdenes hay que acatarlas depende de quién las dé, pero siempre, siempre obedeceremos las que dicte el corazón; porque loco o no, sabio o no, es el único que entiende de sentimientos.
Gracias por traernos al gran Alberti.
Un abrazo.
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José Ramón Muñiz Álvarez
LA ESPERANZA DE DON PERO O EL CONSEJO DE DON GIL
Juguete cómico