El otro día me pasó una cosa muy curiosa. Llevaba casi dos horas en bicicleta e iba por un camino pedregoso y polvoriento. Hacía un calor de justicia y no se movía ni una brizna de aire. De repente se levantó el viento y se creó un pequeño tornado. El embudo de polvo hacía bastante ruido y del susto estuve a punto de caerme. Y, una vez más me recordó a Blacos aunque no sé si podré explicar muy bien por qué. Pensé en esas tardes lánguidas de agosto, con sus gentes a la sombra de la siesta, con el ... (ver texto completo)