Llevo dos días sin salir de casa, tumbado en el sofá, con una manta hasta la cabeza y con tapones en los oídos para no escuchar como llueve sin parar desde hace más de cuarenta y ocho horas. No me atrevo a asomarme por la ventana porque veo los charcos que tapan las aceras y me entra un sudor frío y empiezo a marearme y me tengo de tumbar de nuevo. Creo que ya he dicho aquí mas de una vez que cuando el agua, aunque sea la de la ducha, me llega a los tobillos se me acelera el corazón, comienzo a temblar ... (ver texto completo)