A veces hago un ejercicio de nostalgia y buceo en el pasado. Es lo que llamo "recuerdos del dolor", y no porque sean recuerdos malos sino porque también los buenos duelen un poco cuando han pasado de ser presente a residir en el pasado. En mi última inmersión me puse a pensar en la fiesta de Blacos, en ese niño que nació escaso de peso, que hubo que sacarlo con forceps, que malvivió los primeros años con síntomas de raquitismo y que necesitaba como nadie el calor y los mimos de sus mayores. Algunos ... (ver texto completo)