El habla de las miembras
Los políticos medran ahora en función de su capacidad para la creación de eufemismos. Curiosamente, la degradación de los usos
ALBERTO GARCÍA REYES
18-1-2010
Los políticos medran ahora en función de su capacidad para la creación de eufemismos. Curiosamente, la degradación de los usos gramaticales en los parlamentos ha sido inversamente proporcional al éxito en las urnas. Y lo más preocupante es que el manoseo al que están sometiendo a nuestra lengua está haciendo
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El nudo gordiano de este mal uso de la lengua reside en la confusión que muchos líderes de opinión tienen entre género y sexo. El primero afecta sólo a la gramática mientras que el segundo lo hace a los seres vivos. Y, por tanto, género y sexo no tienen por qué coincidir. Sin embargo, esto, que yo aprendí en sexto de E. G. B., ahora se ignora en los escaños parlamentarios. De la misma manera que no se sabe o no se quiere usar el genérico adecuadamente por mor de la reivindicación bananera de algunas feministas, también conocidas en los últimos tiempos como «miembras». Pero las academias de la lengua española en todo el mundo, que trabajan incesantemente para adaptarse a los nuevos usos, siguen rechazando el que propugnan los políticos. La «Nueva Gramática», recién salida del horno, aclara: «Se percibe una tendencia reciente (de intensidad variable, según los países) a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de persona que manifiesten los dos géneros: a todos los vecinos y vecinas, la mayor parte de las ciudadanas y ciudadanos (...) Exceptuados estos usos, el circunloquio es innecesario cuando el empleo del género no marcado es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo, lo que sucede en gran número de ocasiones».
Seguro que cuando se entere Bibiana Aído le pone una reclamación a la Academia.
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