Cuando un día cualquiera, de cualquier verano de los agostos del otro siglo, me levantaba a las doce, o a la una de la tarde, Antonino ya había dado dos vueltas al mundo, a ese universo particular que se había creado desde pequeño en Blacos.
Se levantaba al alba, y antes de que se desperezaran los primeros rayos de sol Antonino ya estaba de visita en el Molino Somero, en casa de algunas truchas conocidas y con la que había quedado la tarde anterior. Después se acercaba hasta la Ribera a intentar ... (ver texto completo)
Se levantaba al alba, y antes de que se desperezaran los primeros rayos de sol Antonino ya estaba de visita en el Molino Somero, en casa de algunas truchas conocidas y con la que había quedado la tarde anterior. Después se acercaba hasta la Ribera a intentar ... (ver texto completo)