Ya me lo tenía dicho mi madre, la teniente O´Neill, que aunque era una dama de hierro tenía el corazón de plastilina. Me decía: hijo cuídate de la familia, que los amigos de verdad ya cuidarán de tí. Y qué razón tenía. Me pego media vida mimando al Baraka y me paga de esta manera, sacando los trapos sucios de la familia y regodeándose de mi pasado eclesiástico y de mi tradicional tacañería que me lleva a quedarme con lo mío y si puedo arramplar con lo de los demás. Yo creía que era algo propio y ... (ver texto completo)