RAPARIEGOS: HOMENAJE AL VIEJO CARRO....

He estado buscando el nombre de la persona que hace mucho tiempo hizo esta fotografía, primero para darle la enhorabuena por lo que esta foto representa, yo creo que es el vivo retrato de la historia de nuestros pueblos, porque se paso en muy poco tiempo del rudimentario carro, a los grandes remolques y los modernos tractores, también quería pedirle autorización, para poder usar esta foto porque quiero hacer un homenaje al carro de mi padre, que acabo en la hoguera, el día de los Santos Inocentes, pero me fue imposible, pues esta puesta en el foro desde hace muchos años, sin nombre y sin fecha.

HOMENAJE AL VIEJO CARRO.

Después de tantos años de trabajo, recorriendo asiduamente los caminos, yo pienso que nunca mereciste este destino, caído, desvencijado, sobre la tierra boca abajo.

En aquellos años ya lejanos, de tantísimo trabajo, transportaste la mies hasta la era, después de trillado el grano hasta el sobrado, granero, o en esta zona, la típica panera, la uva al lagar y, acoplándote los típicos tapiales y trenzados regázales, la paja al pajar.

Cuantas veces irías al molino de Montuenga, cargado con mucho grano en los costales, para poder alimentar los animales, y de vuelta, traer la blanca harina de trigo candeal, para hacer el pan.

Estoy seguro que irías algunos martes al mercado de la villa, para hacer las compras típicas de antaño, algunos utensilios de cocina, ropa, también hoces, orcas hechas de algunas ramas de arboles de almez, muy suaves al tacto con las manos, tampoco faltarían los hatillos, para atar los haces de mies, el próximo verano.

Y en época de ferias, llevarías algunos niños, mozas y mozos, vestidos de domingo hasta la feria, dejándoles a la puerta la posada y recogiéndoles ya de madrugada, volverías al camino, para llevarlos de vuela a su destino.

Pobre carro, queda ya muy lejos, aquel día que saliste del taller del carretero, nuevo, recién pintado, con las cadenas cromadas y, sonando como si fueran esquilillas, en los extremos del eje, las volanderas.

Por fuera, en los tapiales, el hábil carretero te habría dibujado con mezcla de pinturas removidas en la paleta, barcas azules de pescadores, con velas estiradas por el viento, muy blancas, y con un fino pincel, te habría pintado, un surco blanquecino tras la popa de las barcas, simulando que estaban navegando, por mares de aguas, de color turquesa.

También te pintaría verdes y hermosos prados, salpicados de flores con muchísimos colores y entre las flores, algún travieso y prevenido gorrión, buscando los insectos como alimento.

Y tirando de talento, te pintaría algún castillo, algún puente romano con las arquerías desgastadas en su base por el discurrir el agua, arriba, pegados en los arcos, o mas abajo, cercanos a alguna esquina, también te habría pintado nidos de barro, de las alegres y oscuras golondrinas.

Por encima, un poco mas lejos los pinares al fondo, después de la pradera, como si marcaran o fuera, la raya del horizonte.

Por último, en el lugar mas visible, en la tapialera, esa tabla ancha, muy visible, de madera, puesta por delante para sujetar la carga, te habría pintado la antigua ermita, o la impresionante torre de la iglesia.

Mal final pobre carro, abandonado a su suerte en la trasera, yo hubiera preferido para ti mejor final, resguardado, aunque fuera en un rincón de la cochera y si estorbabas, te hubiera dado cobijo en el corral, por debajo, en la tinada, cubierto por los haces de ramera.

Este relato esta dedicado al carro de mi padre, que acabo en la hoguera, en la plaza, el día de los Santos Inocentes.